miércoles, 26 de junio de 2013

URGENTE: Información de empleabilidad

Hay numerosa evidencia de que el conjunto de la educación superior en el Perú no está dando la talla a nivel nacional o internacional, y que se necesita un sistema que promueva la calidad y pertinencia de sus instituciones, con autonomía pero con rendición de cuentas a sus promotores y la sociedad.

La empleabilidad de los egresados (meta mínima indispensable para tanta inversión privada y social de recursos) está disminuyendo, a pesar del auge de nuestra economía. Actualmente, 46% de trabajadores con universitaria completa están subempleados en ocupaciones no profesionales. Esta cifra era 29% hace 7 años.

Al mismo tiempo, las empresas se quejan de la escasez de técnicos profesionales de calidad. Sin embargo, dos de cada tres jóvenes prefiere ir a la universidad en vez de los institutos tecnológicos. Paradójicamente, la legislación actual segmenta y castiga la vertiente superior técnica profesional denominándola “no universitaria”.

No tenemos ninguna universidad peruana calificada entre las 200 mejores del mundo, y nuestro país ocupa los puestos 132 y 141 a nivel mundial en calidad de educación superior. Así no podremos llegar al desarrollo, puesto que las siguientes fases del crecimiento económico solo llegarán con más innovaciones y creación de conocimiento de punta.

Todo este complejo panorama demanda reformar una institucionalidad estancada en el siglo XX, que necesita promover la agilidad y flexibilidad necesarias para un vertiginoso siglo XXI. En este contexto, se ha generado un álgido y polarizado debate en los ámbitos universitarios y legislativos, a partir de una propuesta de reforma discutida en la Comisión de Educación del Congreso.

Son muchos los temas en los que hay que entablar un diálogo especializado y constructivo, tomando en cuenta las mejores prácticas nacionales e internacionales, sobretodo de sistemas de talla mundial. No obstante, hay un creciente consenso en dos ideas fuerza: la necesidad de concebir a toda la educación superior como un sistema y el requerimiento perentorio de información sobre empleabilidad e ingresos de egresados de todas y cada una de las instituciones de educación superior.

Creemos que esta última medida debe ser la primera en implementarse (la venimos proponiendo desde el 2006 y esperamos que esta vez sí se haga realidad) pues contribuiría muchísimo a mejorar la equidad y pertinencia de la educación superior. Hay dos formas rápidas y complementarias de llevarla a cabo.

Primero, pedir a SUNAT y Ministerio de Trabajo que incluyan en los requerimientos de Declaración de Renta y Planilla Electrónica información de la carrera estudiada e institución específica de cada profesional. Segundo, como hay alto desempleo, subempleo e informalidad laboral, agregar una Mega Encuesta de Hogares que debe realizar PROCALIDAD del SINEACE para capturar la situación del resto de profesionales.

Estos datos, consolidados anónimamente por carrera e institución, deben divulgarse a toda la población por Internet y medios de comunicación. Así se conocerá, por fin, la real empleabilidad e ingresos de profesionales producidos por cientos de instituciones en el país, y los jóvenes y sus familias tendrán mejor información para tomar decisiones trascendentales de vida. Este shock de información, por sí mismo, podría generar varios de los cambios deseables en el mercado de educación superior peruana que todos queremos. 

Publicado en El Comercio el 26 de Junio de 2013

viernes, 31 de mayo de 2013

Innovaciones para reducir la pobreza

Lo primero que se necesita para seguir reduciendo la pobreza, actualmente en 25.8%, es sostener un crecimiento económico de 6% anual, sobre la base de una vigorosa inversión privada que aumente a ritmos anuales de dos dígitos. Estas inversiones, con horizontes de mediano y largo plazo, requieren de políticas claras y estables que generen confianza empresarial, y de mucha mayor agilidad estatal para acelerar la implementación de proyectos.

Lo segundo es profundizar las mejoras en infraestructura, educación y políticas sociales. Esto último es indispensable por la existencia de poblaciones atrapadas en “trampas de pobreza” a las que no llega tan rápidamente el crecimiento económico ni el bienestar. Si bien la pobreza en la sierra rural ha descendido en los últimos años, todavía afecta a casi 60% de su población.

Precisamente, el libro “Repensar la pobreza” de Abhijit Banerjee y Esther Duflo es un magnífico compendio sobre políticas y programas que han tenido o no impactos positivos en cubrir las necesidades apremiantes de los pobres como una nutrición y salud adecuada, educación de calidad, protección social contra eventos adversos, acceso a mejores empleos, servicios financieros para sus emprendimientos, etc.

En las últimas décadas ha crecido el escepticismo acerca del impacto real de la asistencia para el desarrollo. Hoy se exige mayor transparencia en el manejo de los presupuestos y resultados positivos bien medidos. Por ello se utilizan cada vez más metodologías rigurosas de evaluación llamadas “experimentos controlados aleatorizados” (randomized controlled trials). Estos aíslan el real impacto del programa utilizando el seguimiento, antes y después del programa, a los beneficiarios y a un grupo de control lo más idéntico posible.

Para asegurar la equivalencia inicial, el procedimiento ideal es sortear dentro de los interesados en el programa un grupo de beneficiarios y otro de no beneficiarios, que funciona como grupo de control de la intervención. Esta metodología, que suele ser moneda común en experimentos clínicos y otras ciencias, se ha desarrollado recién en las últimas dos décadas en economía. Banerjee y Duflo son autoridades mundiales en su aplicación para la economía de la pobreza.

De hecho, el libro estructura de una manera ágil y convincente la evidencia de casi 300 evaluaciones de impacto alrededor del mundo. Y los resultados acopiados pueden ayudar mucho a diseñar programas innovadores, construir mejores modelos conductuales y simular políticas alternativas.

Por ejemplo, en el campo educativo, dos papers suyos demuestran cómo estrategias de enseñanza diferenciadas para subgrupos de estudiantes del mismo grado, pero con distintos niveles de conocimiento y velocidades de aprendizaje, logran muchos mejores resultados para todos, comparadas con típicas estrategias uniformes. Asimismo, cómo las tecnologías de la información hacen factible esta diferenciación porque permiten que se aprenda a diferentes ritmos, tal como lo comprueba el portal Khan cuyo fundador nos visitara hace poco.

Va a ser una gran oportunidad para aprender más de la sabiduría recopilada por Banerjee su conferencia magistral en la Universidad del Pacífico este viernes 31 en la mañana. Responsables de políticas económicas y sociales, académicos e investigadores por igual podemos sugerir, diseñar e implementar mejores políticas y programas, a partir de esta rica experiencia ganada en todo el mundo.

Publicado en El Comercio el 27 de mayo de 2013
 

lunes, 6 de mayo de 2013

La educación y el trabajo que queremos


En esta era del conocimiento, un trabajo de calidad supone una educación de calidad previamente adquirida. Las inquietudes expresadas en el reciente Foro Económico Mundial corroboran que este débil pilar de la competitividad peruana será un freno a nuestro conocimiento y desarrollo inclusivo.

Hace unas semanas se conocieron los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes de Segundo Grado (ECE 2012) y, luego de un par de días en los medios, dejó de ser noticia. No debe ser así, nos deberíamos preocupar por la educación todo el año.

En comprensión lectora no se consiguió mejoras satisfactorias frente al 2011 (solo 3 de cada 10 niños del país logran los aprendizajes esperados), aunque hubo progreso en el nivel más básico de lectura (pasó de 47,1% a 49,3%) , sobre todo en colegios estatales y rurales. En matemáticas la tendencia fue similar: estancamiento en el nivel satisfactorio (solo 12,8% lo logran) y mejora en el nivel básico (de 35,8% a 38,2%) en escuelas públicas y rurales.

Al observar ejemplos de matemáticas en la prueba, encontramos que aumenta la capacidad de realizar ejercicios mecánicos de suma y resta, pero no la comprensión de conceptos concretos ni su utilización para resolver problemas prácticos.

Pruebas al canto. Ejemplo 1: “Hay 26 lapiceros en una cajita. 14 son rojos y el resto azules. ¿Cuántos lapiceros son azules?”. Ejemplo 2: Se muestra un gráfico con 21 tarjetas. ¿Cuántos grupos de 10 tarjetas se pueden conformar? ¡Solo 13 de cada 100 niños peruanos responde correctamente este tipo de preguntas! Todavía peor: hace tres años que andamos estancados, a pesar de los enormes esfuerzos realizados por los dos últimos gobiernos en este campo.

Habría que evaluar: 1) si las estrategias actuales de capacitación y acompañamiento docente, y los materiales producidos en estos años, pueden mejorar sustantivamente estas competencias fundamentales para formar peruanos productivos; 2) el porcentaje real de profesores actuales que puede trabajar con estrategias pedagógicas modernas y la proporción que difícilmente puede reconvertirse; 3) si la formación actual en las facultades e institutos pedagógicos asegura que las próximas generaciones de peruanos podrán adquirir estos aprendizajes; 4) la manera como padres de familia, con escaso tiempo para tareas del hogar, pueden reforzar los aprendizajes; 5) la forma como los directores, que deben ser los líderes pedagógicos de la escuela, se hacen corresponsables de objetivos de aprendizaje en todo el plantel escolar; 6) estudiar a fondo los casos de éxito, trátese de colegios públicos o privados, sobre todo en condiciones de pobreza, para identificar prácticas innovadoras que se puedan escalar y expandir rápidamente en todo el Perú.

Nos debemos preocupar urgentemente de estas etapas tempranas de la formación de capital humano puesto que, como demuestran dos recientes publicaciones del CIUP – “La trampa educativa en el Perú” y “La educación que queremos” en el libro “Cuando despertemos en el 2062”, el mediano plazo en el mercado laboral significa ya el corto plazo en nuestro sistema educativo.

Ese 87% de niños que no rindió satisfactoriamente la ECE 2012 tendrá 17 años en el bicentenario del 2021 y estará buscando insertarse en un empleo productivo para entonces  o deseando continuar sus estudios superiores para aportar al país de manera profesional.

¿Será posible formarlo competitivamente con todas estas desventajas que está acumulando desde los grados iniciales de primaria? 

Publicado en El Comercio el 1 de Mayo del 2013

miércoles, 3 de abril de 2013

¿Un mercado laboral caliente para todos?


En la jerga económica, un mercado laboral “caliente” es aquel con altos índices de contratación, bajas tasas de desempleo e incrementos en remuneraciones por encima de la inflación. Muy pocos mercados de trabajo en el mundo podrían calificar como calientes hoy. El mercado americano empieza a registrar aumentos de temperatura, pues su desempleo cae lentamente desde un máximo de 10% en la crisis reciente a 7.7% este febrero, pero aún está lejos del sobrecalentamiento (el mínimo de 4.4% del 2007). Mientras tanto, zonas enteras de Europa parecen tan gélidas como el Polo Norte con un récord de 5 millones de españoles en paro que representan 25% de su fuerza laboral.

Por el contrario, el mercado laboral peruano tiene algunos signos de calentamiento global. El desempleo en Lima ha disminuido 40% en los últimos siete años, de 10.8% a 6.4%. Los ingresos promedio mensuales aumentaron de 789 a 1,349 soles en el mismo período, un incremento nominal de 71% y real de 37%. Las estadísticas indican que todos los grupos poblacionales han mejorado, aunque a diferentes velocidades.

Históricamente el desempleo ha sido mayor para mujeres que hombres, no obstante, este exceso se ha incrementado de un tercio a dos tercios recientemente (mientras que el desempleo masculino está en 4.9%, el femenino asciende a 8.3%) denotando problemas de menor empleabilidad en las mujeres.

Los jóvenes suelen tener mayor desempleo que los adultos, sin embargo, esta penalidad ha pasado de dos a uno a tres a uno. Ahora la tasa de desempleo juvenil está en 13.9% comparada con sólo 4.4% de tasa de desempleo adulta. El Ministerio de Trabajo debe identificar qué dificultades de empleabilidad afectan a importantes segmentos de jóvenes, a los que no llegan los frutos del vigoroso mercado laboral actual.  

En cuanto a los ingresos, hay diferencias notorias de acuerdo al nivel educativo de la mano de obra. Mientras que trabajadores con primaria y secundaria experimentan incrementos reales en sus ingresos de 48% y 40% respectivamente, los profesionales con educación superior técnica y universitaria consiguen más modestas ganancias de 33% y 16% cada uno. Sorprende que esto ocurra en medio de la vociferada escasez de personal calificado.

Hay una aparente esquizofrenia de resultados: falta y sobra al mismo tiempo mano de obra calificada en el país. Escasea talento peruano preparado de alta calidad y pertinencia (por lo que, en muchos casos, hay que contratar extranjeros) pero también abunda mano de obra nacional supuestamente “calificada”, con título y todo, pero de muy baja calidad y pertinencia. Este último grupo termina pesando más en las cifras agregadas, por lo que encontramos ingresos universitarios que crecen menos que las remuneraciones de técnicos y todavía menos que las de personal de baja calificación.

En síntesis, el mercado laboral peruano ha estado tan caliente como el verano mismo, aunque con algunos sinsabores para grupos específicos. Las cifras reflejan un vertiginoso crecimiento del empleo, mas no para todos: mientras más sofisticado el puesto de trabajo, mayores las demandas por una formación técnica y profesional de alta calidad. En otras palabras, el “cartón” universitario o técnico por sí mismo no asegura para nada un buen empleo, si no está respaldado por una formación de calidad y pertinencia para la exigente economía actual.

Publicado en El Comercio el 3 de Abril de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

Cinco hábitos para brillar en la vida

Ahora que empiezan las clases escolares es un buen momento para preguntarnos cómo contribuir a mejorar la educación en nuestro país, siguiendo el objetivo de una sociedad educadora propuesto por el Proyecto Educativo Nacional.

“Cinco hábitos de grandes estudiantes” de Jonathan Olsen y Sarah Gross, profesores de la Escuela Secundaria (pública) de Alta Tecnología de Lincroft, Nueva Jersey, es un excelente material para empezar la reflexión, pues sus alumnos han obtenido los mejores puntajes en las pruebas de ciencias y matemáticas de todo Estados Unidos.

Si bien se trata de estudiantes de por sí muy talentosos, para haber logrado ingresar a esta prestigiosa escuela, lo sorprendente es que durante sus años en ella siguen hábitos sencillos de inculcar en todo tipo de alumno e institución educativa en cualquier país del mundo, incluyendo el nuestro.

El primero es la lectura cotidiana. Estos estudiantes leen mucho, temprano, tarde y seguido, pero no solo sobre lo que dispone el currículo oficial, sino que realizan lecturas independientes sobre temas que les interesan, académicos o no, teniendo los periódicos, novelas, libros, revistas y fuentes de consulta a mano para llevárselas a casa. ¿Recuerdan la experiencia de los brazaletes del “Fe y Alegría 58” de Jicamarca?   

La segunda práctica es la redacción a diario. No siempre por una nota, sino como parte de su proceso formativo por lo que reciben retroalimentación constante. Escriben todos, los que se inclinan por letras y humanidades y los que destacan en ciencias y matemáticas, pues saben que la llave para persuadir al mundo es la buena redacción.

La tercera es que siempre están preparados para cualquier tipo de evaluación sobre sus aprendizajes y que tienen estrategias diversas para lograrlos. Los días de exámenes nacionales son tan motivadores para ellos como las fechas finales de los campeonatos deportivos.

El cuarto hábito es el aprendizaje colaborativo. Lo que ocurre en el mundo real de las empresas se traslada naturalmente a la esfera educativa. Estos estudiantes colaboran y aprenden entre ellos, reconociendo y valorando las distintas fortalezas, gustos y estilos de aprendizaje. Sabemos que en la vida adulta así trabajarán en equipos multidisciplinarios y que allí aparecerán las grandes innovaciones del futuro.

Por último, está la práctica del cuestionamiento constante de lo que aprenden. Estos muchachos acostumbran preguntar insistentemente a sus maestros, hasta entender a fondo la materia que están aprendiendo, y para pensar más allá del conocimiento convencional.

La lección universal de esta experiencia es que se pueden lograr altos aprendizajes con recursos razonables, desarrollando estos cinco hábitos sencillos, y seguramente otros más relacionados también con aspectos socio-emocionales, pero que las piezas fundamentales para estimularlos son los maestros y padres de familia.

Sabemos que la calidad educativa es el reto más grande para la sostenibilidad de nuestro crecimiento y desarrollo. En este sentido, los padres y autoridades debemos evaluar y pedir cuentas a los maestros acerca del uso permanente de estas estrategias en el aula, pero también debemos hacernos corresponsables de incentivar y facilitar estas prácticas en todos los hogares del país.

Publicado en El Comercio el 1 de Marzo de 2013 

miércoles, 6 de febrero de 2013

Instituciones, crecimiento y desarrollo

¿Es posible escribir un libro de economía de casi 600 páginas que sea fácil de leer y que capture la atención de toda clase de público de principio a fin? Daron Acemoglu y James Robinson lo logran en “Por qué fracasan los países”, uno de los mejores libros publicados el año pasado. Combinan la economía con ciencia política, historia y otras disciplinas para persuadirnos del papel central de las instituciones en el desarrollo.

Parten de ejemplos actuales, como las diferencias en niveles de vida de mexicanos a ambos lados de la frontera: Nogales (Arizona) y Nogales (Sonora), para luego, en viajes imaginarios, retrotraernos a los orígenes de las sociedades coloniales, a fin de explicar las causas de sus niveles de desarrollo o subdesarrollo actuales. Pareciera que estuviéramos ante un buscador de la web como Google que puede ubicar cualquier lugar del planeta y cualquier momento de la historia para proveer los argumentos precisos en el momento indicado del libro.

A continuación, uno de varios ejemplos peruanos: las diferencias socio-demográficas y geográficas entre las provincias de Calca y Acomayo en el Cuzco son realmente pocas. Pero, hoy en día, los habitantes de Acomayo son mucho más pobres y consumen casi un tercio menos que los de Calca. La tesis de Melissa Dell en MIT, supervisada por Acemoglu, explica cómo el sistema colonial de trabajo forzoso llamado “mita”, que afectó a Acomayo pero no a Calca, puede estar detrás de estas diferencias. Los resultados publicados en “Apuntes” de la Universidad del Pacifico indican que los derechos de propiedad y el desarrollo de haciendas en Calca promovieron inversiones en capital físico y humano en dicha provincia, mientras que Acomayo quedó históricamente empobrecida.

Sabemos que todo proceso de crecimiento sostenido depende de una gran acumulación de factores y de mejoras tecnológicas. Pero la pregunta más profunda por responder es por qué hay sociedades que en ciertos momentos de la historia han logrado emprender este proceso y otras no.

La respuesta que propone el libro es que son las instituciones inclusivas, que garantizan derechos de propiedad, la estabilidad jurídica e igualdad de oportunidades, las que las promueven estos cambios. Sin embargo, siguiendo al gran economista Schumpeter, como todo proceso de desarrollo viene acompañado de episodios de “destrucción creativa”, con grandes ganadores pero también perdedores, han existido a lo largo de la historia intereses opuestos a estas políticas, que en algunos casos se han logrado neutralizar pero en otros no.

Quizás los autores exageran sus puntos de vista al comparar el poder explicativo de su teoría en relación a otras diferencias como las geográficas o culturales. Pero es indudable el peso que han adquirido los factores institucionales al analizar el pasado y predecir el futuro económico de las naciones. Desde este punto de vista, nuestro país todavía “cojea” mucho.

En el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial, el primer pilar que aparece es el institucional. En dicha dimensión nos situamos en el muy pobre puesto 105, de un total de 144 países, debido al insuficiente respeto y protección a los derechos de propiedad, altos niveles de corrupción, descrédito de políticos y funcionarios públicos, y la poca independencia y predictibilidad del Poder Judicial, entre otros aspectos por resolver. A juzgar por todas las falencias en este pilar fundamental, aún no tenemos ganado el partido al subdesarrollo.

Publicado en El Comercio el 1 de Febrero de 2013