martes, 2 de julio de 2013
miércoles, 26 de junio de 2013
URGENTE: Información de empleabilidad
Hay numerosa evidencia de que el
conjunto de la educación superior en el Perú no está dando la talla a nivel nacional
o internacional, y que se necesita un sistema que promueva la calidad y
pertinencia de sus instituciones, con autonomía pero con rendición de cuentas a
sus promotores y la sociedad.
La empleabilidad de los egresados
(meta mínima indispensable para tanta inversión privada y social de recursos) está
disminuyendo, a pesar del auge de nuestra economía. Actualmente, 46% de trabajadores
con universitaria completa están subempleados en ocupaciones no profesionales.
Esta cifra era 29% hace 7 años.
Al mismo tiempo, las empresas
se quejan de la escasez de técnicos profesionales de calidad. Sin embargo, dos
de cada tres jóvenes prefiere ir a la universidad en vez de los institutos
tecnológicos. Paradójicamente, la legislación actual segmenta y castiga la
vertiente superior técnica profesional denominándola “no universitaria”.
No tenemos ninguna universidad
peruana calificada entre las 200 mejores del mundo, y nuestro país ocupa los
puestos 132 y 141 a nivel mundial en calidad de educación superior. Así no podremos
llegar al desarrollo, puesto que las siguientes fases del crecimiento económico
solo llegarán con más innovaciones y creación de conocimiento de punta.
Todo este complejo panorama
demanda reformar una institucionalidad estancada en el siglo XX, que necesita promover
la agilidad y flexibilidad necesarias para un vertiginoso siglo XXI. En este
contexto, se ha generado un álgido y polarizado debate en los ámbitos
universitarios y legislativos, a partir de una propuesta de reforma discutida
en la Comisión de Educación del Congreso.
Son muchos los temas en los que
hay que entablar un diálogo especializado y constructivo, tomando en cuenta las
mejores prácticas nacionales e internacionales, sobretodo de sistemas de talla
mundial. No obstante, hay un creciente consenso en dos ideas fuerza: la
necesidad de concebir a toda la educación superior como un sistema y el
requerimiento perentorio de información sobre empleabilidad e ingresos de
egresados de todas y cada una de las instituciones de educación superior.
Creemos que esta última medida
debe ser la primera en implementarse (la venimos proponiendo desde el 2006 y
esperamos que esta vez sí se haga realidad) pues contribuiría muchísimo a
mejorar la equidad y pertinencia de la educación superior. Hay dos formas
rápidas y complementarias de llevarla a cabo.
Primero, pedir a SUNAT y
Ministerio de Trabajo que incluyan en los requerimientos de Declaración de Renta
y Planilla Electrónica información de la carrera estudiada e institución
específica de cada profesional. Segundo, como hay alto desempleo, subempleo e informalidad
laboral, agregar una Mega Encuesta de Hogares que debe realizar PROCALIDAD del
SINEACE para capturar la situación del resto de profesionales.
Estos datos, consolidados anónimamente
por carrera e institución, deben divulgarse a toda la población por Internet y
medios de comunicación. Así se conocerá, por fin, la real empleabilidad e
ingresos de profesionales producidos por cientos de instituciones en el país, y
los jóvenes y sus familias tendrán mejor información para tomar decisiones
trascendentales de vida. Este shock de información, por sí mismo, podría generar
varios de los cambios deseables en el mercado de educación superior peruana que
todos queremos.
Publicado en El Comercio el 26 de Junio de 2013
viernes, 31 de mayo de 2013
Innovaciones para reducir la pobreza
Lo primero que se necesita para
seguir reduciendo la pobreza, actualmente en 25.8%, es sostener un crecimiento
económico de 6% anual, sobre la base de una vigorosa inversión privada que aumente
a ritmos anuales de dos dígitos. Estas inversiones, con horizontes de mediano y
largo plazo, requieren de políticas claras y estables que generen confianza
empresarial, y de mucha mayor agilidad estatal para acelerar la implementación
de proyectos.
Lo segundo es profundizar las mejoras
en infraestructura, educación y políticas sociales. Esto último es indispensable
por la existencia de poblaciones atrapadas en “trampas de pobreza” a las que no
llega tan rápidamente el crecimiento económico ni el bienestar. Si bien la
pobreza en la sierra rural ha descendido en los últimos años, todavía afecta a casi
60% de su población.
Precisamente, el libro “Repensar
la pobreza” de Abhijit Banerjee y Esther Duflo es un magnífico compendio sobre políticas
y programas que han tenido o no impactos positivos en cubrir las necesidades apremiantes
de los pobres como una nutrición y salud adecuada, educación de calidad,
protección social contra eventos adversos, acceso a mejores empleos, servicios
financieros para sus emprendimientos, etc.
En las últimas décadas ha
crecido el escepticismo acerca del impacto real de la asistencia para el desarrollo.
Hoy se exige mayor transparencia en el manejo de los presupuestos y resultados
positivos bien medidos. Por ello se utilizan cada vez más metodologías
rigurosas de evaluación llamadas “experimentos controlados aleatorizados”
(randomized controlled trials). Estos aíslan el real impacto del programa
utilizando el seguimiento, antes y después del programa, a los beneficiarios y
a un grupo de control lo más idéntico posible.
Para asegurar la equivalencia
inicial, el procedimiento ideal es sortear dentro de los interesados en el
programa un grupo de beneficiarios y otro de no beneficiarios, que funciona
como grupo de control de la intervención. Esta metodología, que suele ser
moneda común en experimentos clínicos y otras ciencias, se ha desarrollado recién
en las últimas dos décadas en economía. Banerjee y Duflo son autoridades
mundiales en su aplicación para la economía de la pobreza.
De hecho, el libro estructura
de una manera ágil y convincente la evidencia de casi 300 evaluaciones de
impacto alrededor del mundo. Y los resultados acopiados pueden ayudar mucho a
diseñar programas innovadores, construir mejores modelos conductuales y simular
políticas alternativas.
Por ejemplo, en el campo
educativo, dos papers suyos demuestran cómo estrategias de enseñanza
diferenciadas para subgrupos de estudiantes del mismo grado, pero con distintos
niveles de conocimiento y velocidades de aprendizaje, logran muchos mejores
resultados para todos, comparadas con típicas estrategias uniformes. Asimismo,
cómo las tecnologías de la información hacen factible esta diferenciación porque
permiten que se aprenda a diferentes ritmos, tal como lo comprueba el portal Khan
cuyo fundador nos visitara hace poco.
Va a ser una gran oportunidad para
aprender más de la sabiduría recopilada por Banerjee su conferencia magistral
en la Universidad del Pacífico este viernes 31 en la mañana. Responsables de
políticas económicas y sociales, académicos e investigadores por igual podemos
sugerir, diseñar e implementar mejores políticas y programas, a partir de esta rica
experiencia ganada en todo el mundo.
Publicado en El Comercio el 27 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
La educación y el trabajo que queremos
En esta era del
conocimiento, un trabajo de calidad supone una educación de calidad previamente
adquirida. Las inquietudes expresadas en el reciente Foro Económico
Mundial corroboran que este débil pilar de la competitividad peruana será un freno
a nuestro conocimiento y desarrollo inclusivo.
Hace unas semanas se
conocieron los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes de Segundo
Grado (ECE 2012) y, luego de un par de días en los medios, dejó de ser noticia.
No debe ser así, nos deberíamos preocupar por la educación todo el año.
En comprensión lectora no se
consiguió mejoras satisfactorias frente al 2011 (solo 3 de cada 10 niños del
país logran los aprendizajes esperados), aunque hubo progreso en el nivel más
básico de lectura (pasó de 47,1% a 49,3%) , sobre todo en colegios estatales y
rurales. En matemáticas la tendencia fue similar: estancamiento en el nivel satisfactorio
(solo 12,8% lo logran) y mejora en el nivel básico (de 35,8% a 38,2%) en
escuelas públicas y rurales.
Al observar ejemplos de
matemáticas en la prueba, encontramos que aumenta la capacidad de realizar
ejercicios mecánicos de suma y resta, pero no la comprensión de conceptos
concretos ni su utilización para resolver problemas prácticos.
Pruebas al canto. Ejemplo 1:
“Hay 26 lapiceros en una cajita. 14 son rojos y el resto azules. ¿Cuántos
lapiceros son azules?”. Ejemplo 2: Se muestra un gráfico con 21 tarjetas. ¿Cuántos
grupos de 10 tarjetas se pueden conformar? ¡Solo 13 de cada 100 niños peruanos
responde correctamente este tipo de preguntas! Todavía peor: hace tres años que
andamos estancados, a pesar de los enormes esfuerzos realizados por los dos
últimos gobiernos en este campo.
Habría que evaluar: 1) si
las estrategias actuales de capacitación y acompañamiento docente, y los materiales
producidos en estos años, pueden mejorar sustantivamente estas competencias
fundamentales para formar peruanos productivos; 2) el porcentaje real de
profesores actuales que puede trabajar con estrategias pedagógicas modernas y
la proporción que difícilmente puede reconvertirse; 3) si la formación actual
en las facultades e institutos pedagógicos asegura que las próximas
generaciones de peruanos podrán adquirir estos aprendizajes; 4) la manera como
padres de familia, con escaso tiempo para tareas del hogar, pueden reforzar los
aprendizajes; 5) la forma como los directores, que deben ser los líderes
pedagógicos de la escuela, se hacen corresponsables de objetivos de aprendizaje
en todo el plantel escolar; 6) estudiar a fondo los casos de éxito, trátese de
colegios públicos o privados, sobre todo en condiciones de pobreza, para
identificar prácticas innovadoras que se puedan escalar y expandir rápidamente
en todo el Perú.
Nos debemos preocupar
urgentemente de estas etapas tempranas de la formación de capital humano puesto
que, como demuestran dos recientes publicaciones del CIUP – “La trampa educativa
en el Perú” y “La educación que queremos” en el libro “Cuando despertemos en el
2062”–, el mediano plazo en el mercado laboral significa ya el corto plazo en
nuestro sistema educativo.
Ese 87% de niños que no
rindió satisfactoriamente la ECE 2012 tendrá 17 años en el bicentenario del
2021 y estará buscando insertarse en un empleo productivo para entonces o deseando continuar sus estudios superiores
para aportar al país de manera profesional.
¿Será posible formarlo
competitivamente con todas estas desventajas que está acumulando desde los
grados iniciales de primaria?
Publicado en El Comercio el 1 de Mayo del 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
¿Un mercado laboral caliente para todos?
En la jerga
económica, un mercado laboral “caliente” es aquel con altos índices de
contratación, bajas tasas de desempleo e incrementos en remuneraciones por
encima de la inflación. Muy pocos mercados de trabajo en el mundo podrían
calificar como calientes hoy. El mercado americano empieza a registrar aumentos
de temperatura, pues su desempleo cae lentamente desde un máximo de 10% en la
crisis reciente a 7.7% este febrero, pero aún está lejos del sobrecalentamiento
(el mínimo de 4.4% del 2007). Mientras tanto, zonas enteras de Europa parecen
tan gélidas como el Polo Norte con un récord de 5 millones de españoles en paro
que representan 25% de su fuerza laboral.
Por el
contrario, el mercado laboral peruano tiene algunos signos de calentamiento global.
El desempleo en Lima ha disminuido 40% en los últimos siete años, de 10.8% a
6.4%. Los ingresos promedio mensuales aumentaron de 789 a 1,349 soles en el
mismo período, un incremento nominal de 71% y real de 37%. Las estadísticas
indican que todos los grupos poblacionales han mejorado, aunque a diferentes velocidades.
Históricamente
el desempleo ha sido mayor para mujeres que hombres, no obstante, este exceso
se ha incrementado de un tercio a dos tercios recientemente (mientras que el
desempleo masculino está en 4.9%, el femenino asciende a 8.3%) denotando
problemas de menor empleabilidad en las mujeres.
Los jóvenes
suelen tener mayor desempleo que los adultos, sin embargo, esta penalidad ha
pasado de dos a uno a tres a uno. Ahora la tasa de desempleo juvenil está en 13.9%
comparada con sólo 4.4% de tasa de desempleo adulta. El Ministerio de Trabajo debe
identificar qué dificultades de empleabilidad afectan a importantes segmentos de
jóvenes, a los que no llegan los frutos del vigoroso mercado laboral actual.
En cuanto a los
ingresos, hay diferencias notorias de acuerdo al nivel educativo de la mano de
obra. Mientras que trabajadores con primaria y secundaria experimentan
incrementos reales en sus ingresos de 48% y 40% respectivamente, los profesionales
con educación superior técnica y universitaria consiguen más modestas ganancias
de 33% y 16% cada uno. Sorprende que esto ocurra en medio de la vociferada
escasez de personal calificado.
Hay una aparente
esquizofrenia de resultados: falta y sobra al mismo tiempo mano de obra calificada
en el país. Escasea talento peruano preparado de alta calidad y pertinencia (por
lo que, en muchos casos, hay que contratar extranjeros) pero también abunda mano
de obra nacional supuestamente “calificada”, con título y todo, pero de muy
baja calidad y pertinencia. Este último grupo termina pesando más en las cifras
agregadas, por lo que encontramos ingresos universitarios que crecen menos que
las remuneraciones de técnicos y todavía menos que las de personal de baja
calificación.
En síntesis,
el mercado laboral peruano ha estado tan caliente como el verano mismo, aunque con
algunos sinsabores para grupos específicos. Las cifras reflejan un vertiginoso
crecimiento del empleo, mas no para todos: mientras más sofisticado el puesto
de trabajo, mayores las demandas por una formación técnica y profesional de
alta calidad. En otras palabras, el “cartón” universitario o técnico por sí
mismo no asegura para nada un buen empleo, si no está respaldado por una
formación de calidad y pertinencia para la exigente economía actual.
Publicado en El Comercio el 3 de Abril de 2013
Publicado en El Comercio el 3 de Abril de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
Cinco hábitos para brillar en la vida
Ahora que empiezan las clases
escolares es un buen momento para preguntarnos cómo contribuir a mejorar la
educación en nuestro país, siguiendo el objetivo de una sociedad educadora propuesto
por el Proyecto Educativo Nacional.
“Cinco hábitos de grandes
estudiantes” de Jonathan Olsen y Sarah Gross, profesores de la Escuela Secundaria
(pública) de Alta Tecnología de Lincroft, Nueva Jersey, es un excelente
material para empezar la reflexión, pues sus alumnos han obtenido los mejores
puntajes en las pruebas de ciencias y matemáticas de todo Estados Unidos.
Si bien se trata de estudiantes
de por sí muy talentosos, para haber logrado ingresar a esta prestigiosa
escuela, lo sorprendente es que durante sus años en ella siguen hábitos
sencillos de inculcar en todo tipo de alumno e institución educativa en
cualquier país del mundo, incluyendo el nuestro.
El primero es la lectura
cotidiana. Estos estudiantes leen mucho, temprano, tarde y seguido, pero no
solo sobre lo que dispone el currículo oficial, sino que realizan lecturas
independientes sobre temas que les interesan, académicos o no, teniendo los
periódicos, novelas, libros, revistas y fuentes de consulta a mano para
llevárselas a casa. ¿Recuerdan la experiencia de los brazaletes del “Fe y
Alegría 58” de Jicamarca?
La segunda práctica es la
redacción a diario. No siempre por una nota, sino como parte de su proceso
formativo por lo que reciben retroalimentación constante. Escriben todos, los
que se inclinan por letras y humanidades y los que destacan en ciencias y matemáticas,
pues saben que la llave para persuadir al mundo es la buena redacción.
La tercera es que siempre están
preparados para cualquier tipo de evaluación sobre sus aprendizajes y que tienen
estrategias diversas para lograrlos. Los días de exámenes nacionales son tan
motivadores para ellos como las fechas finales de los campeonatos deportivos.
El cuarto hábito es el
aprendizaje colaborativo. Lo que ocurre en el mundo real de las empresas se traslada
naturalmente a la esfera educativa. Estos estudiantes colaboran y aprenden entre
ellos, reconociendo y valorando las distintas fortalezas, gustos y estilos de
aprendizaje. Sabemos que en la vida adulta así trabajarán en equipos
multidisciplinarios y que allí aparecerán las grandes innovaciones del futuro.
Por último, está la práctica del cuestionamiento
constante de lo que aprenden. Estos muchachos acostumbran preguntar insistentemente
a sus maestros, hasta entender a fondo la materia que están aprendiendo, y para
pensar más allá del conocimiento convencional.
La lección universal de esta
experiencia es que se pueden lograr altos aprendizajes con recursos razonables,
desarrollando estos cinco hábitos sencillos, y seguramente otros más
relacionados también con aspectos socio-emocionales, pero que las piezas
fundamentales para estimularlos son los maestros y padres de familia.
Sabemos que la calidad educativa es
el reto más grande para la sostenibilidad de nuestro crecimiento y desarrollo. En
este sentido, los padres y autoridades debemos evaluar y pedir cuentas a los
maestros acerca del uso permanente de estas estrategias en el aula, pero
también debemos hacernos corresponsables de incentivar y facilitar estas
prácticas en todos los hogares del país.
Publicado en El Comercio el 1 de Marzo de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
Instituciones, crecimiento y desarrollo
¿Es posible escribir un libro de economía de casi 600 páginas que sea fácil de leer y que capture la atención de toda clase de público de principio a fin? Daron Acemoglu y James Robinson lo logran en “Por qué fracasan los países”, uno de los mejores libros publicados el año pasado. Combinan la economía con ciencia política, historia y otras disciplinas para persuadirnos del papel central de las instituciones en el desarrollo.
Parten de ejemplos actuales, como las diferencias en niveles de vida de mexicanos a ambos lados de la frontera: Nogales (Arizona) y Nogales (Sonora), para luego, en viajes imaginarios, retrotraernos a los orígenes de las sociedades coloniales, a fin de explicar las causas de sus niveles de desarrollo o subdesarrollo actuales. Pareciera que estuviéramos ante un buscador de la web como Google que puede ubicar cualquier lugar del planeta y cualquier momento de la historia para proveer los argumentos precisos en el momento indicado del libro.
A continuación, uno de varios ejemplos peruanos: las diferencias socio-demográficas y geográficas entre las provincias de Calca y Acomayo en el Cuzco son realmente pocas. Pero, hoy en día, los habitantes de Acomayo son mucho más pobres y consumen casi un tercio menos que los de Calca. La tesis de Melissa Dell en MIT, supervisada por Acemoglu, explica cómo el sistema colonial de trabajo forzoso llamado “mita”, que afectó a Acomayo pero no a Calca, puede estar detrás de estas diferencias. Los resultados publicados en “Apuntes” de la Universidad del Pacifico indican que los derechos de propiedad y el desarrollo de haciendas en Calca promovieron inversiones en capital físico y humano en dicha provincia, mientras que Acomayo quedó históricamente empobrecida.
Sabemos que todo proceso de crecimiento sostenido depende de una gran acumulación de factores y de mejoras tecnológicas. Pero la pregunta más profunda por responder es por qué hay sociedades que en ciertos momentos de la historia han logrado emprender este proceso y otras no.
La respuesta que propone el libro es que son las instituciones inclusivas, que garantizan derechos de propiedad, la estabilidad jurídica e igualdad de oportunidades, las que las promueven estos cambios. Sin embargo, siguiendo al gran economista Schumpeter, como todo proceso de desarrollo viene acompañado de episodios de “destrucción creativa”, con grandes ganadores pero también perdedores, han existido a lo largo de la historia intereses opuestos a estas políticas, que en algunos casos se han logrado neutralizar pero en otros no.
Quizás los autores exageran sus puntos de vista al comparar el poder explicativo de su teoría en relación a otras diferencias como las geográficas o culturales. Pero es indudable el peso que han adquirido los factores institucionales al analizar el pasado y predecir el futuro económico de las naciones. Desde este punto de vista, nuestro país todavía “cojea” mucho.
En el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial, el primer pilar que aparece es el institucional. En dicha dimensión nos situamos en el muy pobre puesto 105, de un total de 144 países, debido al insuficiente respeto y protección a los derechos de propiedad, altos niveles de corrupción, descrédito de políticos y funcionarios públicos, y la poca independencia y predictibilidad del Poder Judicial, entre otros aspectos por resolver. A juzgar por todas las falencias en este pilar fundamental, aún no tenemos ganado el partido al subdesarrollo.
Publicado en El Comercio el 1 de Febrero de 2013
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