lunes, 16 de febrero de 2015

Entrevista en Rumbo Económico: La informalidad en el Perú

Mejoras educativas en TERCE

En los últimos años se ha vuelto una especie de “sentido común” el hecho que el Perú se ubique entre los peores países del mundo en calidad educativa y aprendizajes. Nos hemos acostumbrado (y flagelado tanto) con los resultados de la prueba PISA en los que, efectivamente, aparecemos en los últimos 5 lugares en comprensión lectora, matemáticas y ciencias entre estudiantes de 15 años alrededor del mundo.

Sin embargo, siendo una evaluación voluntaria, no todos los países se presentan a la prueba PISA. De hecho, fueron 65 en la última ronda del 2012,  una tercera parte de las naciones, básicamente países desarrollados y emergentes. En América Latina participaron 8 naciones de ingreso medio similar o superior al Perú. Hemos registrado algunas mejoras en comprensión lectora en PISA, pero estos avances siempre palidecen por seguir situados al fondo de la tabla.

Una noticia que pasó virtualmente desapercibida a fines del año pasado fue los alentadores resultados obtenidos en TERCE (Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo) entre escolares de tercero y sexto grado de primaria de 15 países latinoamericanos, coordinado por UNESCO en el 2013. Por su magnitud y alcance, TERCE ofrece una perspectiva más completa de la situación y tendencias de aprendizajes en nuestro país.  

En el caso de comprensión lectora en tercer grado, el promedio de niños peruanos superó al promedio de la región y aparecemos cuartos detrás de chilenos, costarricenses y uruguayos. Los peruanos han registrado la tercera mayor mejora respecto al 2006. Sin embargo, consistente con la ECE nacional, sólo un tercio de niños peruanos consigue los niveles III y IV satisfactorios. Análogamente, los peruanos en sexto grado son los que más han mejorado en comprensión lectora, pero este progreso es pequeño en niveles absolutos, y solo ha alcanzado para igualar el promedio regional y situarnos todavía en sexto lugar a nivel continental.  

En cuanto a matemáticas en tercer grado, el Perú también es el país que más crecimiento ha experimentado y ya supera al promedio regional. Sin embargo, todo lo que nos dice esto es que el nivel de matemáticas en la región es muy pobre, porque en el caso peruano solo 13% de niños se sitúa en nivel satisfactorio, de manera similar a la ECE. Por su parte, las mejoras en matemáticas en sexto grado han sido las segundas más significativas en la región y alcanzan para que un sorprendente 38% de estudiantes lleguen a niveles satisfactorios. En el caso de ciencias para sexto grado, el Perú también mejoró, pero sólo 7 países participaron en esta parte de la prueba, por lo que su valor informativo y comparativo es mucho menor.


En resumen, la TERCE es señal de que avanzamos como país. Si bien las brechas de aprendizaje son muy grandes aún, empieza a rendir frutos la creciente importancia política y económica otorgada a la educación y los educadores en los últimos años, desde el Proyecto Educativo Nacional hasta el mayor presupuesto y liderazgo en el sector. Debemos persistir con gran ahínco en esta misión, que es la llave maestra para el futuro del Perú.

Publicado en el diario El Comercio el 3 de febrero del 2015.

Tijeretazo en Brasil

La economía brasileña pasa por un momento delicado. El gigante sudamericano ha estado en recesión técnica (dos trimestres consecutivos de contracción del PBI) y su inflación supera el 6% anual, por lo que los locales hablan ya de “estanflación”. Las cuentas fiscales y externas son deficitarias y el nivel de deuda pública está cerca del 60% del PBI. Analistas brasileños especulan sobre un futuro probable en el que se perdería el grado de inversión que tanto costó alcanzar.

Recientemente estuvimos en la Reunión LACEA-LAMES, asociación de economistas de la región, organizada esta vez por la Universidad de Sao Paulo, una de las mejor ubicadas en los rankings latinoamericanos. La atención fue buena pero se sentían síntomas de una sociedad aletargada. Encontramos en el corazón económico de Brasil signos de estancamiento: la famosa Avenida Paulista nos mostró edificios emblemáticos de un pasado más glorioso, quizás en las décadas de los 60s y 70s, pero no un dinamismo reciente. Por el contrario, observamos mucha mendicidad en calles y parques del centro de Sao Paulo.

Luego de gran incertidumbre a partir de su ajustada reelección, Dilma Rousseff optó por Joaquim Levy, economista ortodoxo con doctorado en Chicago, como Ministro de Hacienda para su segundo mandato. Levy fue apodado “manos de tijera” cuando era Secretario del Tesoro en la década pasada, precisamente, por su implacable afán de recortar gastos cuando las cuentas fiscales no cuadraban.

Consistente con su pasado, Levy ha afirmado que su primer objetivo será el superávit fiscal primario y la reducción de la deuda pública. Pero este posible “tijeretazo” a su cargo ¿no alimentaría una mayor recesión en el corto plazo?  Dos respuestas posibles son: por un lado, Brasil no tiene espacio alguno para políticas expansivas en este momento y el ajuste es inevitable. Por otro lado, si este ajuste devuelve sostenibilidad a las cuentas fiscales y restablece la confianza de la inversión privada, más temprano que tarde el crecimiento de Brasil se verá beneficiado.

Actualmente Brasil tiene serios impedimentos para crecer al ritmo de otros pares emergentes. Su inversión total anual equivale a sólo 18% del PBI (alrededor de 27% para Perú). Y el gran peso estatal atenta contra su competitividad internacional: el ratio de ingresos públicos totales es de 35% del PBI (22% en el caso peruano). De hecho, su tasa de crecimiento potencial se estima en menos de 3% anual por la decaída infraestructura y la abultada agenda de reformas microeconómicas pendientes. 

En estos doce años de gobierno entre Lula y Dilma, Brasil redujo notablemente la pobreza, de 22% a 9% en cifras oficiales, es decir a poco menos de la mitad inicial. Sin embargo, hacer más de lo mismo en el futuro no es factible por el menor crecimiento potencial y los desequilibrios económicos acumulados. A manera de comparación, el modelo seguido por nuestro país resulta más sostenible: hemos reducido también la pobreza en poco más de la mitad (aunque partiendo de una base más alta), de 54% a 24%, manteniendo mucho mejor los fundamentos macroeconómicos y las bases para continuar con el crecimiento y la reducción de la pobreza futura. 

Publicado en El Comercio el 10 de diciembre del 2014.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Renace la educación

Lant Pritchett es un reconocido profesor de la Escuela de Gobierno de Harvard y experto en sistemas educativos del mundo. Se encuentra estos días en el Perú, gracias a una ejemplar cooperación entre el sector público, academia y empresariado. Realizará presentaciones en la Universidad del Pacífico, reuniones con el Ministerio de Educación, y disertará sobre retos educativos en la CADE de Paracas.

No podía ser más oportuna su visita, por la gran prioridad del tema educativo en nuestra agenda de desarrollo. Pritchett publicó hace poco el estupendo libro “The Rebirth of Education: Schooling Ain´t Learning”. Este subtítulo resume bien su tesis central: a pesar de los grandes avances en escolaridad alrededor del mundo (llegándose prácticamente a cumplir las metas del milenio para el 2015), resulta frustrante comprobar que no necesariamente se han conseguido mayores aprendizajes en los niños.

El autor ofrece argumentos novedosos de teoría organizacional para explicar esta paradoja del desarrollo. Indica que la mayoría de sistemas educativos en el mundo se han convertido en estructuras gubernamentales tipo “araña” (spider systems), altamente burocratizadas, donde todas las decisiones y acciones son procesadas por los poderes centrales (el cerebro de la araña en el centro de su tela). Este tipo de estructura pudo haber sido eficaz en la logística de expandir cuantitativamente el sistema escolar, pero en sus condiciones actuales no serviría para crear los ecosistemas educativos conducentes a aprendizajes en el aula.

Se necesitarían más bien estructuras tipo “estrellas de mar” (starfish systems) con gran autonomía y diversidad de modelos de gestión a nivel de cada escuela. Se trata de sistemas abiertos y promotores de innovación constante y disruptiva, que dejan autonomía para la operación local, que se concentran en establecer estándares comunes y evaluar aprendizajes finales, que facilitan las redes de maestros horizontales, soporte técnico y capacitación, y cuyos esquemas de financiamiento se guían por la matrícula y desempeños reales más que por la inercia y discrecionalidad.

Pritchett ofrece tres ejemplos internacionales de este tipo de estructura eficaz. El sistema universitario anglosajón, completamente descentralizado y basado en la competencia por fondos de investigación y alumnado, produce muchísimas más universidades de talla mundial que sus contrapartes europeas continentales, altamente centralizadas y reguladas. Los programas de bachillerato internacional impulsan el éxito educativo en distintos tipos de escuelas, privadas y públicas, con una estructura abierta y flexible alrededor del mundo. Por último, Brasil ha mostrado mejoras en sus niveles de aprendizaje en parte porque el gobierno federal financia a los estados de acuerdo a metas y resultados concretos.


Pritchett no sugiere una receta única para reformar todo un sistema educativo que necesita mejorar aprendizajes a gritos. Más bien propone que cada una de estas dimensiones deseables del sistema se evalúen en contextos específicos. Por ello, su mirada externa y fresca al caso peruano concreto será bienvenida y, aunque su humildad intelectual es apreciada y valorada, estamos seguros que con su amplia experiencia internacional sobre lo que funciona y no en educación ayudará mucho a identificar oportunidades de reforma urgente en la gestión educativa en el país. 

Publicado en El Comercio el 13 de noviembre del 2014.

miércoles, 15 de octubre de 2014

FMI 25 años después

Cuando uno empieza a marcar los hechos cada cuarto de siglo, puede estar seguro de ir ganando edad y, ojalá, sabiduría o, ¡por lo menos experiencia! Estuve la semana pasada en Washington D.C., invitado por el FMI para las actividades de su Asamblea Anual conjunta con el Banco Mundial (la misma que se celebrará el 2015 en Lima) y caí en la cuenta de que habían pasado 25 años desde la primera vez que pisaba sus instalaciones como practicante de verano.

Por entonces el Perú estaba en una crisis tan grande que muchos dudábamos si tenía salida. Era un país inelegible para recibir recursos financieros del exterior por su decisión unilateral de suspender el servicio de la deuda. Sin embargo, muchos añorábamos con regresar porque resultaba frustrante haber aprendido tanto para contribuir a su desarrollo y no poder hacerlo.  Felizmente, logramos escapar de esa trampa generacional y recobrar la estabilidad y perspectivas de crecimiento y desarrollo de las últimas dos décadas.

¿Qué se ha mantenido y qué ha cambiado en el FMI en todo este tiempo? El Fondo ha seguido fiel a su mandato de monitorear la economía mundial, prevenir situaciones de crisis, y apoyar a países con dificultades macroeconómicas. Las crisis internacionales, lamentablemente, han seguido sucediendo: de la crisis de la deuda latinoamericana en los 80s, pasamos a la crisis asiática de los 90s, y ahora todavía estamos inmersos en las consecuencias de la crisis financiera internacional que explotó en el 2008. Los sentimientos en Washington el fin de semana eran mixtos, pues hay regiones como Estados Unidos y China que están creciendo a buen ritmo, pero Europa no termina de salir del hoyo y puede irse por su tercera recesión en 6 años.

El FMI y el Banco Mundial se han tornado más dialogantes y transparentes con el correr de los años. Ahora se invita a la sociedad civil y a la academia a compartir las actividades de la Asamblea Anual. Hace quince años, cuando pasé un quinquenio trabajando por allá, la única participación de las ONG era a través de protestas callejeras que eran contenidas por barricadas a varias cuadras a la redonda.

En un reciente estudio del Fondo sobre perspectivas de los países emergentes que fui invitado a comentar quedaba claro que, en promedio, la mitad del boom de nuestros países había sido producto de la buena suerte externa y que la otra mitad se debía al esfuerzo interno. Ausente ahora la buena estrella externa, había que duplicar o más los esfuerzos internos de reformas para seguir creciendo y desarrollándonos.

Pero hay elementos comunes de los 80s y hoy que indican que el camino a nuestro desarrollo sostenido todavía no está asegurado. Ahora, como entonces, se detienen grandes proyectos de inversión que pueden aprovechar racionalmente nuestros ingentes recursos naturales para acelerar el desarrollo. Camisea se postergó por cerca de dos décadas retrasando enormemente nuestro progreso. Finalmente se pudo hacer y hoy en día se pueden comprobar sus palpables contribuciones.

No esperemos que otros  proyectos importantes permanezcan paralizados cuando sí es posible desarrollarlos de una manera ambientalmente sostenible, de forma que beneficie a todos los peruanos, especialmente a los más necesitados.

Publicado en El Comercio el 15 de Octubre del 2014

jueves, 25 de septiembre de 2014

La pobreza por el retrovisor

Cuando hacemos una comparación entre los años iniciales de Gestión, a fines de los 80s, y la actualidad, encontramos grandes diferencias en la medición y resultados de la pobreza en el Perú.

En cuanto a su medición, hay tres grandes distinciones. Primera: a fines de los 80s se había perdido confianza en las estadísticas del INE de entonces, producto de la hiperinflación, crisis generalizada y sospechas de politización de su trabajo. Segunda, como fruto de esa crisis, el INE carecía de un mínimo de recursos razonables para producir mediciones de pobreza estadísticamente confiables. Por último, las metodologías de medición, especialmente de pobreza monetaria, todavía no tenían el consenso técnico ni político a nivel nacional o internacional. De hecho, las mediciones de pobreza de 1991 y 1994 las realizó CUANTO con recursos del Banco Mundial.

Hoy en día, el INEI ha recobrado credibilidad en su trabajo técnico y posee recursos presupuestales razonables para realizar prolijas encuestas anuales de condiciones de vida a una gran muestra de hogares del país. Asimismo, la metodología de la pobreza monetaria se ha consolidado mundialmente y su aplicación al caso peruano es monitoreada por un comité amplio de expertos del gobierno, la academia y la sociedad civil para asegurar la transparencia y comparabilidad de resultados.

En cuanto a resultados, las diferencias también son notables. Todas las estimaciones indican que la pobreza monetaria superaba el 50% de la población a fines de la década del 80s y que se ha reducido a la mitad desde entonces (23.9% es el último dato del 2013) cumpliéndose con el Objetivo de Desarrollo del Milenio establecido en 1990 para lograrse en el 2015.

La disponibilidad virtual de las bases de datos para su uso abierto y gratuito ha permitido múltiples estudios que han establecido, por ejemplo, que hasta tres cuartas partes de dicha reducción de pobreza se deben al robusto crecimiento económico logrado, gracias a unas políticas económicas sensatas y estables.

La proporción restante se puede atribuir a políticas sociales consolidadas con programas de transferencias monetarias condicionadas a la inversión en capital humano. Aunque con las dificultades propias de nuestra debilidad institucional y aprovechamiento político, algunos de estos programas se han mantenido durante varios gobiernos mostrando una incipiente profesionalización en las políticas sociales.

Hacia futuro, retos importantes son la medición robusta de la pobreza multidimensional y su aplicación a las diversas políticas públicas, así como mejorar las políticas de aumento de productividad laboral para terminar de sacar de la pobreza a esa cuarta parte de peruanos que todavía la sufre.

Publicado en Suplemento de Aniversario de Gestión el 25 de setiembre 2014