La migración de individuos, familias y grandes
colectivos humanos, desde el distrito, provincia o región de origen, hacia otra
localidad generalmente lejana, dentro o fuera del país, es casi siempre un acto
heroico. Demanda asumir muchos sacrificios personales y familiares, sortear
grandes dificultades económicas, enfrentar nuevas culturas y costumbres, y
hasta superar procesos de discriminación arraigados en los lugares de destino.
Desde el punto de vista económico, la migración es una
inversión en capital humano de elevado costo inicial con la esperanza de una mejor
vida futura. Quienes finalmente migran suelen ser más emprendedores y
progresistas que aquellos que dejaron atrás en sus comunidades de origen.
Empiezan ganando menos que los lugareños de la localidad en la que se asientan
pero, en base a su denodado esfuerzo y ganas de superación, en muchos casos terminan
igualando y hasta superando los ingresos de los locales.
Esta poderosa imagen de la migración, que siempre ha
sido emotiva en todas partes del mundo, ha adquirido una connotación muy
especial para nuestro país en el último medio siglo. La gran migración del
campo a la ciudad ha sido posiblemente el fenómeno socio-económico más
importante ocurrido dentro del Perú contemporáneo.
En “La fuerza económica de las migraciones internas”,
Aníbal Sánchez, economista, sociólogo y directivo del INEI, recopila y analiza los
flujos migratorios ocurridos dentro del país en las últimas décadas y evalúa
sus efectos. Los datos son impresionantes: uno de cada cinco peruanos (más de
seis millones) reside en una región diferente a la que lo vio nacer, y uno de
cada tres (más de diez millones) vive en un distrito distinto al que registró
su nacimiento. Somos en buena parte un país de migrantes internos, elemento
central actual de la identidad peruana y la construcción de una nación más
integrada.
Sabíamos, por los trabajos pioneros de José Matos Mar
y Rolando Arellano, que en Lima se juntan, parafraseando a José María Arguedas,
“todas las sangres”, y que ahora es una “Ciudad de los Reyes, los Chávez, y los
Quispe”. No obstante, es apabullante reconocer que el 40% de la fuerza laboral
en Lima Metropolitana es migrante. Asimismo, recordábamos por un trabajo nuestro
con el Censo 2007 que zonas de selva como Madre de Dios han desplazado a Lima
como las mayores receptoras relativas de migración interna. Es aleccionador
conocer que el 56% de la fuerza laboral de aquella región es migrante, atraída
por las oportunidades formales e informales aparecidas allí.
En relación a la racionalidad económica del migrante,
este estudio revela que el ingreso promedio mensual del migrante en la última
década ha sido de 1,341 soles. Mientras tanto, el ingreso promedio del no
migrante fue de 1,054 soles. Se trata de una importante diferencia de 29% explicada
en parte por esas ansias de progreso y superación que llevan consigo los
migrantes.
Sin
embargo, sabemos que esta mejora económica no siempre se ha acompañado con adecuados
servicios de infraestructura, vivienda y transporte local, por un déficit de planificación
urbana de mediano y largo plazo. Mirando a futuro, hay que actuar rápido para
que mega-ciudades como Lima Metropolitana, que llegará a acoger 13 millones de
habitantes en las próximas dos décadas, no colapsen. Publicado en el diario El Comercio el 24 de junio del 2015.
El Decano de la Facultad de Economía y Finanzas de la UP no cree que la clase media en el país sea la mitad de la población. En esta entrevista brinda su análisis sobre el tema y opina sobre la necesidad de elaborar un indicador sobre este segmento de la población.
Al economista Gustavo Yamada le resulta muy difícil afirmar que la clase media en el Perú está conformada por más del 50% de la población. Este cálculo fue anunciado recientemente por un funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien detalló que este grupo socioeconómico creció de 11.9% a 50.6% entre el 2005 y el 2014. Esto sería lo mismo que decir que casi se ha quintuplicado, como muchos medios de comunicación titularon ante este anuncio. Sin embargo, lo cierto es que la clase media peruana ha tenido un proceso de crecimiento muy importante en estos años, pero no tan exagerado. “Se ha duplicado, pero todavía no llega a ser la mitad de la población”, dice el Decano de la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad del Pacífico.
Yamada aplicó al caso peruano la lectura particular que suele darle a las estadísticas Hans Rosling para explicar aspectos económicos. Este divulgador científico de origen sueco encontró una relación muy estrecha entre la posesión de lavadoras y la clase media de un país. La explicación radica en que una familia que tiene este electrodoméstico necesariamente dispone de dinero para comprarlo, cuenta con cobertura de agua y electricidad, y puede costear el consumo de energía. Pero, sobre todo, asume que el costo de oportunidad de tiempo dedicado al lavado es más alto como para realizarlo a mano. “Si usamos ese indicador –explica Yamada–, el porcentaje de hogares con una propiedad exclusiva de lavadoras en el Perú –según la ENAHO– subió de 11% a 23% entre el 2004 y el 2014”. Es lo mismo que decir que se ha duplicado o que uno de cada cuatro hogares es de clase media.
Si bien es cierto que no hay un consenso sobre la definición de este grupo socioeconómico, la cifra estimada por Yamada está acorde con lo calculado por investigaciones más complejas. Ipsos considera que la clase media en el país –conformada por los niveles socioeconómicos B y C– ha crecido de 21% a 35% entre el 2005 y el 2014. La Cámara de Comercio Lima informa que se expandió de 12.2% a 29%. Incluso, un reciente informe del BID señala que la clase media en el Perú abarca el 26% de su población. Y el Banco Mundial también maneja una cifra similar.
Al ritmo de la desaceleración
El común denominador es que la clase media peruana ha crecido aún en el contexto de desaceleración económica. En el 2011, Yamada hizo el mismo cálculo en base a la tenencia de lavadoras y el porcentaje ascendía a 19.8%, un incremento de diez puntos porcentuales desde el 2004, la época de mayor crecimiento económico del Perú. Hoy la cifra actualizada es 23%, que significa un despunte de tres puntos entre el 2011 y el 2014. “La clase media ha seguido creciendo, pero quizá a un ritmo menor que en los ‘años dorados’ de la década pasada. Sí se nota el impacto de la desaceleración en este segmento de la población”, apunta.
Yamada disiente de la opinión sobre la fragilidad de la clase media peruana para retornar a la pobreza o a una situación de inestabilidad. El Decano de la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad del Pacífico explica que aquellas familias que salieron de la pobreza y que no han llegado a conformar la clase media constituyen la llamada “clase vulnerable”. En este caso, sí es posible que ante un ciclo económico desfavorable retrocedan en el escalafón socioeconómico. En cambio, la clase media propiamente dicha es un segmento más consolidado. ¿Qué características tiene? Yamada tiene un perfil:
“Son aquellas familias que tienen cierta solvencia económica para acceder a servicios de educación y salud de calidad. No pasan por apuros de desempleo y subempleo. Y si hay una situación temporal de desempleo, tienen los recursos para poder sobrellevarlo a través de la CTS, fondos de ahorro o algún activo. Eso implica un presupuesto que rebasa los S/. 1,300 mensuales que define el umbral de la pobreza, sino que fácilmente supera los S/. 3, 000 mensuales para que esa familia típica de cuatro integrantes tenga todo el paquete completo de necesidades socioeconómicas cubiertas con calidad”.
Dicho esto, le preguntamos a Yamada si ya es necesario dejar atrás la controversia y elaborar un índice de la clase media para efectos de diseñar políticas públicas destinadas a fortalecer este segmento de la población.
Hay varias formas de medir la clase media, como los enfoques de seguridad económica (BID) y de niveles socioeconómicos (Ipsos). ¿El Perú podría liderar un consenso y construir un índice sobre este segmento de la población?
Sería una buena iniciativa y, en ese sentido, el Perú puede tener cierto liderazgo en el tema. En la medición, seguimiento y aceptación del indicador de la pobreza fuimos pioneros. La Encuesta Nacional de Hogares es considerada como una de las mejores de la región. Además, tenemos un comité de seguimiento de la pobreza que es independiente. Con ese precedente, yo creo que podemos asumir el liderazgo de la medición y seguimiento de la clase media peruana. Esto requiere arribar a cierto consenso nacional, pero también regional y mundial para que se pueda comparar con los países. Y además para mirar las diferencias en cuanto al tamaño del presupuesto nacional que cada familia necesita para lograr ser considerada de clase media. Sería todo un reto metodológico poner de acuerdo a los institutos de estadísticas de los países. Tendría muchas virtudes para poder discutir políticas relevantes para fortalecer la clase media de los países.
¿Qué diferencias podría tener la clase media peruana respecto a otros países?
Por ejemplo, para acceder a una educación de calidad generalmente hay que recurrir a la educación privada. Eso no es así en otros países, porque todavía la educación pública es la proveedora fundamental de educación de calidad, tanto en colegios como en estudios superiores. Entonces, el presupuesto familiar necesario para la parte educativa en esos países puede ser menor. Déjame agregar también el tema de seguridad. En el Perú, se necesita más presupuesto familiar asignado para poder sentirse relativamente seguro, porque hay que pagar vigilancia privada en muchos barrios, dado que la seguridad pública no funciona lo suficientemente bien. Hay que gastar en el guachimán del edificio o de la cuadra, que en otros países no necesariamente es una necesidad porque funciona la seguridad pública provista por la policía. Esa es otro tema que marca diferencia. Llegar a ser clase media probablemente en términos relativos cuesta más que en otros países, porque hay que pagar privadamente servicios de calidad como educación, salud, seguridad, etc.
¿Se podría conformar un comité independiente que garantice las cifras de clase media?
Sí, porque son indicadores políticamente sensibles. En el pasado, hubo mucha discusión, porque se evalúa el desempeño de un gobierno con indicadores objetivos concretos: por ejemplo, si bajo o no la pobreza. Entonces, si eso no es producido de una manera técnica, rigurosa, transparente e independiente puede estar manipulado por el gobierno de turno. Por eso se ha instaurado en varios países –y el Perú ha sido líder en ese aspecto– comités que puedan certificar las mediciones de pobreza. En ese sentido, ha habido un gran avance. Ahora, yo creo que del 2016 hacia adelante, sea quien sea el gobierno elegido, probablemente el tema de cómo consolidar la clase media sea uno de los temas centrales. Y eso implica una medición objetiva, rigurosa y transparente para deducir políticas públicas apropiadas a partir de eso.
¿Quizá en un futuro cercano podríamos evaluar a los gobiernos en base a cuánto creció la clase media en el país?
Es posible. Sería un buen indicador de desarrollo, porque fortalecer la clase media tiene una serie de ventajas, como estabilizar el sistema político y democrático y reducir la polarización de la sociedad. La experiencia de desarrollo económico y social de todos los países del mundo señala que sin una clase media fuerte y mayoritaria es difícil hablar de un desarrollo consolidado y sostenible.
Tomado de http://www.up.edu.pe/prensa/gustavo-yamada-ser-clase-media-4065
Gustavo Yamada, Decano de
Economía y Finanzas, Universidad del Pacífico[1]
29 de mayo 2015
Fuente:
www.periodismoperu.com, www.elcomercio.pe
La información adelantada a los jóvenes sobre la
empleabilidad de egresados profesionales, por carreras e instituciones
educativas, es clave para contribuir a una mejor toma de decisiones que afectarán
a toda una vida profesional, reduciendo la asimetría de información inherente a
este mercado de bienes experiencia.
Otros mecanismos que confluyen en la misma línea son el licenciamiento y
acreditación de la calidad de las universidades y facultades. Lamentablemente
en el Perú estas dos políticas recién están en sus inicios en comparación con
otras partes del mundo.
En unos pocos días vence el plazo establecido para que
las empresas privadas y entidades públicas del país ingresen al sistema electrónico
de planillas (T-Registro) cuatro datos básicos sobre la situación educativa de su
personal: nivel de instrucción alcanzado, nombre de la carrera e institución en
la que realizaron estudios superiores técnicos o universitarios, y año de
egreso de la misma (el registro es bastante amigable con menús desplegables en
opciones ubicadas por nombre u orden alfabético).
Estos datos, agregados de manera confidencial y anónima,
van a ser el insumo fundamental para
construir el portal web “Ponte en Carrera”, apropiado nombre escogido para el Observatorio
Laboral lanzado por los Ministerios de Trabajo y Educación en alianza
estratégica con IPAE y la colaboración de la SUNAT (ver https://www.facebook.com/pontencarrera).
Ha tomado una década convencer a todos los agentes
involucrados sobre la necesidad imperiosa de contar con una herramienta como
esta para mejorar el funcionamiento de los mercados de educación superior y
laboral del país. El siguiente recuento se hace con el fin de dejar constancia
por escrito de las dificultades para diseñar e implementar políticas públicas
en el Perú, en un entorno de mucha debilidad e inercia institucional, que ojalá
sirva para identificar lecciones de política y administración pública a futuro.
El primer paso fue la realización de estudios
minuciosos con la escasa información estadística disponible, auspiciados por el
Consorcio de Investigación Económica y Social y el Centro de Investigación de
la Universidad del Pacífico, acerca de los retornos
económicos de la educación superior en el mercado laboral peruano entre el 2004
y 2005. Esta temática también tiene mucha importancia a nivel latinoamericano y
mundial puesto que el trabajo
fue aceptado y publicado en una revista científica mexicana de divulgación
internacional. El segundo paso fue tratar de hacer incidencia en los medios de
comunicación y en las políticas públicas en el Perú. Las conferencias anuales
del CIES divulgaron las posibles estafas educativas a la que estaban expuestos
muchos jóvenes, que deciden estudiar carreras técnicas y universitarias con
escasa rentabilidad, y fueron materia de sendas
coberturas en medios escritos y televisivos por lo menos durante unos días.
Una oportunidad que parecía crucial fue nuestra participación
en el panel “Educación Superior: ¿A más siembra mayor cosecha?” del CADE 2006, plantando
este sistema de información laboral. Su recepción calurosa por parte de las
autoridades y los asistentes a dicho evento parecían presagiar su
inminente aplicación. Sin embargo, no fue así, durante muchos años...
El tercer paso fue insistir con la implementación de
este observatorio a través de los comunicados
de la Comisión de Educación Superior del Consejo Nacional de Educación, las
sucesivas Comisiones Consultivas de Empleo, la Comisión de Educación del
Congreso de la República, y nuestras
columnas periodísticas. No obstante, no se llegaba nunca a concretar la
iniciativa. El argumento siempre era la falta de presupuesto público y la
urgencia de dedicarlo a otras necesidades urgentes, pero también impedían reales
avances la ausencia de prácticas de trabajo multisectoriales en el país, puesto
que este es un tema eminentemente intersectorial entre educación, trabajo y los
gremios empresariales.
Mientras tanto, el problema parecía agravarse puesto
que el número y matrícula de carreras profesionales y técnicas e instituciones
de educación superior no
cesaban de crecer, al mismo tiempo que los empresarios se quejaban
insistentemente del desajuste
entre la oferta y la demanda laboral.
Un nuevo impulso empezó a darse con los CADE por la Educación
y los CADE Ejecutivos en recientes años.
Asimismo, el creciente debate sobre qué hacer con la legislación universitaria,
liderado por el Congresista Mora y el Ministro Saavedra, también abonaron
en darle más urgencia a la medida.
De hecho, hace dos años CADE entregó al gobierno un
compromiso con sacar adelante el observatorio en el plazo de doce meses. Finalmente,
se convenció a la SUNAT y las instancias intermedias del MINTRA sobre la
rentabilidad social del esfuerzo y el Ministro
Maurate está comandando este esfuerzo final para implementar esta poderosa
herramienta de gestión.
Solamente falta que el empresariado privado y las
entidades públicas ponga su granito de arena para que esto se haga realidad.
Más allá de cualquier sanción pecuniaria potencial por incumplimiento, el país
y los jóvenes se lo van a agradecer enormemente a fin de reducir las decisiones
equivocadas y la brecha de talento en el país.
Estamos convencidos de que un portal como Ponte en
Carrera, va a ayudar mucho a reducir estos desajustes presentes en el mercado peruano
actual. Hemos exhortado por diversos medios a las empresas a que ingresen la
información necesaria: columna
en El Comercio, publicación
en el Facebook de la Universidad del Pacífico y de IPAE, difusión a través
de gremios empresariales, entre otros. La fecha objetivo señalada por el
gobierno para el lanzamiento del Observatorio es julio de este 2015 y esta vez
creemos que sí se está cerca de cumplir dicha meta, luego de ¡una década de
travesía!
Referencias
Consejo Nacional de Educación (2010). Sistema de
educación superior: Un sistema articulado para una educación a lo largo de la
vida. Boletín CNE Opina Nº30. Publicado en diciembre 2010.
El Comercio (2014). Saavedra: "La plata por sí
sola no genera cambios en educación". Publicado en el diario El Comercio
el 14 de noviembre del 2014.
Gestión (2015). Ministerio de Trabajo: “En julio se
conocerá real demanda de profesiones y cuánto paga el mercado”. Publicado en el
diario Gestión el 10 de marzo del 2015.
Lavado, P.; G. Yamada & J. Martínez (2014). ¿Una
promesa incumplida? La calidad de la educación superior universitaria y el
subempleo profesional en el Perú. Working Paper Series. BCRP. Diciembre 2014.
Manpower (2013). Encuesta sobre Escasez de Talento.
Perú21 (2013). Alertan sobre el aumento de subempleo
profesional. Publicado el 08 de mayo del 2013.
Perú21 (2013). CADE 2013: Empresarios asumen
compromisos concretos. Publicado en el diario Perú21 el 02 de diciembre del
2013.
Trahtemberg, León (2006). Brechas entre educación y
mercado laboral (CADE 2006). Publicado en el diario Correo el 8 de diciembre
del 2006.
Yamada, G. (2005). Retornos de la educación superior
en el mercado laboral: ¿vale la pena el esfuerzo? Proyecto Mediano CIES. Lima.
Yamada, G. (2009). Rendimientos de la educación
superior en el mercado laboral. El caso de Perú. El Trimestre Económico 76(2):
485-511. México.
Yamada, G. (2013a). URGENTE: Información de
empleabilidad. Publicado en el diario el Comercio el 26 de junio del 2013.
Yamada,
G. (2013b). Lecciones para acreditar la calidad educativa. Publicado en el
diario el Comercio el 30 de setiembre del 2013.
[1] Agradezco la eficiente asistencia de investigación de parte de Nelson
Oviedo para la redacción de esta reseña, al igual que el valioso apoyo de Pablo
Lavado, Juan Francisco Castro, María de los Ángeles Cárdenas, Ricardo Montero,
Roberto Asmat, Fernando Mendo y Joan Martinez en la realización de estos
estudios a lo largo de esta década.
Este 31 de mayo vence el plazo para que las empresas
privadas y entidades públicas ingresen a
la planilla electrónica (T-Registro) cuatro datos básicos sobre la situación
educativa de su personal: nivel de instrucción, nombre de la carrera e
institución de estudios superiores, y año de egreso (es un registro sumamente
amigable con menús desplegables y opciones por nombre u orden alfabético).
Estos datos, agregados de manera confidencial y
anónima, serán el insumo fundamental para construir el portal “Ponte en
Carrera”, nombre del Observatorio Laboral lanzado por los Ministerios de
Trabajo y Educación, en alianza con IPAE y colaboración de SUNAT.
Ha tomado una década convencer a todos los
involucrados de la necesidad de este observatorio, a fin de mejorar el
funcionamiento del sistema de educación superior y el mercado laboral del país.
El primer paso fueron los estudios de retornos a la educación superior en el
mercado laboral peruano desde el 2004. El segundo su divulgación a través de medios
de comunicación. Las posibles “estafas” educativas a la que estaban expuestos
muchos jóvenes, que estudian carreras técnicas y universitarias con escasa
rentabilidad, fueron noticia en medios escritos y televisivos, por lo menos
durante unos días.
Una oportunidad crucial fue CADE 2006 donde planteamos
este sistema de información laboral. Su recepción calurosa parecía presagiar una
inminente aplicación. Sin embargo, no fue así. El tercer paso fue insistir a
través del Consejo Nacional de Educación, sucesivas Comisiones de Empleo, la
Comisión de Educación del Congreso y columnas periodísticas. No obstante, nunca
se llegaba a concretar la iniciativa. El argumento era siempre la falta de
presupuesto, pero también impedía el avance la ausencia de prácticas multisectoriales
en el país.
Mientras tanto, el problema parecía agravarse puesto
que el número y matrícula de carreras e instituciones de educación superior no
cesaban del crecer, al mismo tiempo que los empresarios se quejaban
insistentemente del desajuste entre la oferta y la demanda laboral.
Un nuevo impulso se dio con los CADE por la Educación
y Ejecutivos en años recientes. Asimismo, las reformas de la legislación
universitaria y de institutos superiores, lideradas por el Congresista Mora y
el Ministro Saavedra, han abonado en darle urgencia a la medida. Finalmente, se
convenció a SUNAT e instancias intermedias de los ministerios sobre la prioridad
del esfuerzo, y el Ministro Maurate está comandando actualmente este último esfuerzo
de implementación.
Solamente falta que usted, señor empresario y ejecutivo
privado y público, ponga su “granito de arena” incorporando la información educativa
de sus colaboradores. Más allá de cualquier sanción por incumplimiento, el país
y, especialmente, los jóvenes se lo van a agradecer.
Dos
datos claves para animarlo a contribuir: dos de cada tres egresados profesionales
se arrepiente actualmente de la carrera estudiada y de dónde la ha estudiado. Y
cerca de la mitad de empresarios manifiesta dificultades para encontrar
personal adecuado. Estamos convencidos
de que un portal como “Ponte en Carrera” ayudará muchísimo a reducir estos dos
desajustes presentes en el mercado peruano. Desde aquí exhortamos a todos a colaborar
en favor de esta causa nacional. Artículo publicado en el diario El Comercio el 27 de mayo del 2015.
El
Instituto Nacional de Estadística e Informática reporta mensualmente una buena
cantidad de indicadores económicos y sociales de la mayor importancia. Los más
conocidos, sin lugar a dudas, son la variación en el Índice de Precios al
Consumidor (inflación mensual divulgada el primer día del mes siguiente), y el
crecimiento en el Producto Bruto Interno (variación real estimada mes y medio
después).
Junto
con las cifras calculadas del PBI se dan a conocer un conjunto de indicadores
del mercado laboral de Lima Metropolitana que no siempre sopesamos en su justa
dimensión. De ellos, relativamente conocidos son la tasa de desempleo abierto, a
la cual se le otorga una menor importancia en un contexto de alta informalidad
laboral y ausencia de seguro de desempleo, junto con las “peruanísimas”
mediciones de subempleo y, por complemento, el estimado del nivel de empleo
adecuado, con todas las limitaciones que este concepto puede acarrear.
Un
indicador que pasa algo desapercibido es la evolución de los ingresos promedio
mensuales. Este artículo analiza las virtudes relativas de este indicador para
explicar una serie de dinámicas en el mercado laboral que bien vale la pena
tener en cuenta tanto para los hacedores de política como para el sector
privado, que siempre se encuentra atento a las tendencias en sus mercados de
bienes y servicios.
El
último dato de ingreso promedio mensual corresponde al primer trimestre del
2015 y se sitúa en 1,588 soles. Lo
interesante de este número es que, comparado con aquel del primer trimestre del
2014, representa un 10,2 por ciento de incremento nominal y un significativo 7,4
por ciento de crecimiento real, aun en medio de la desaceleración actual de la
economía peruana. Esta cifra supera ampliamente el avance del PBI per cápita que
se habría logrado durante el mismo período. ¿Cómo explicar este comportamiento,
tan altamente sorprendente como positivo, en medio de numerosos indicadores a
la baja de este complicado primer trimestre?
En
primer lugar, veamos si este comportamiento es generalizado o corresponde solo
a algunos subconjuntos de la población que llevan el promedio hacia arriba. Como
se observa en el Cuadro 1, por niveles educativos, todos
aumentan sus ingresos reales en 4% o más; por grupos de edad, el ingreso real
promedio crece encima de 6%; por sectores económicos, todos mejoran a excepción
de la construcción; por tamaño de empresa y género de trabajadores también
encontramos un desarrollo similar. En
conclusión, se puede hablar de un incremento relativamente uniforme de las
remuneraciones reales de la población ocupada en la capital.
En
segundo término, podría argumentarse que todo o una buena parte de este
crecimiento real observado en la variable se debe a un puro efecto composición:
Pudiera ser que, debido a las menores oportunidades laborales como fruto de la
desaceleración, han perdido empleos los más jóvenes y menos educados. De esta
manera, la composición del 2015 reflejaría una población empleada más educada y
con mayor edad en promedio que tiende a ser mejor remunerada. Sin embargo, los
promedios de años de educación (12) y edad (36) de la población ocupada remunerada
que captura la EPE al nivel de toda Lima Metropolitana han cambiado poco de un
año a otro. En todo caso, un ejercicio de descomposición simple indica que no
más de dos puntos del incremento remunerativo promedio se deberían a este
efecto.
En
tercer término, preguntémonos si esta variable, medida mensualmente, no refleja
de manera adecuada la compleja realidad de los ingresos laborales en el mercado
peruano. Su fuente de información es la Encuesta Permanente de Empleo (EPE) que
tiene un tamaño de muestra altamente representativo (se alcanza a 1,600
viviendas mensuales y todas las variables se reportan en acumulados
trimestrales móviles). Es decir, incluye información social y económica de trabajadores
formales e informales ya que se llega a ellos a través de los hogares. Hemos examinado
las preguntas que se realizan para recoger los ingresos y, si bien no son tan
desagregadas y minuciosas como las que realiza anualmente la ENAHO, sí cuentan
con una estructura similar, por lo que consideramos que recogen un buen
estimado de los ingresos mensuales netos. Por último, y más importante quizás
para validar la evolución de la variable a través del tiempo, se responde al
mismo tipo de cuestionario desde que se empezara a realizar esta encuesta en el
2003, la que se ha llevado a cabo ininterrumpidamente cerca de 150 meses.
Precisamente,
si uno revisa la serie histórica -que ya se puede establecer y validar- de esta
variable y la compara con la evolución agregada de la economía peruana en los
últimos diez años, nota por lo menos tres grandes hechos de interés (ver Gráfico
1).
Primero,
el ingreso laboral real promedio se mantuvo estancado desde el 2003 hasta mediados
del 2007, a pesar de que la economía y el PBI per cápita habían empezado a
crecer importantemente por lo menos desde el 2004. ¿Por qué no subía el ingreso
real promedio durante esa primera parte del boom peruano? Posiblemente debido a
que había un exceso de oferta de trabajo muy significativo como consecuencia
del estancamiento secular de la economía peruana durante varias décadas y,
particularmente, como efecto de la última prolongada recesión de la economía
peruana entre 1998 y el 2002.
Segundo,
el ingreso real promedio empezó a aumentar desde el 2007 y, como se observa,
siguió creciendo hasta finales del 2009, a pesar de que la economía peruana se
había desacelerado abruptamente un año antes, como resultado de la crisis
financiera internacional que empezara en el segundo semestre del 2008. Es
decir, pareciera que existe cierta inercia en la fijación de condiciones de contratación
en el mercado laboral peruano, el cual reacciona con un retraso de alrededor de
12 meses para ajustarse a los cambios bruscos en las tendencias
macroeconómicas.
Tercero,
el ingreso real inició una nueva fase de crecimiento desde fines del 2010 que
todavía no ha culminado, precisamente, porque aún no se ha terminado de trasladar
la desaceleración macroeconómica al mercado laboral. Esta es una buena noticia que,
sin embargo, acabaría pronto. Se podría argumentar que el escenario actual es
mucho menos dramático que el del 2009, por lo que no debería esperarse una
caída en los ingresos reales (de hecho, resulta auspicioso que la pobreza haya
seguido disminuyendo en el 2014, tal como lo acaba de revelar el INEI en su
informe anual).
No
obstante, es urgente que el PBI recupere una mayor tasa de crecimiento, antes
de que se empiece a notar una sensación de estancamiento y desaliento en el
mercado laboral, que afecte a su vez el crecimiento del consumo dinámico hasta
ahora. Por tanto, es necesario poner todos los esfuerzos, desde todos los
niveles, para que en el resto del 2015 recuperemos una senda de crecimiento
económico cercana al 5 por ciento de potencial peruano.
Autores: Gustavo Yamada y Nelson Oviedo
Articulo publicado en la página oficial de Facebook de la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad del Pacífico.
De
acuerdo al INEI, el ingreso promedio mensual en Lima Metropolitana durante el
primer trimestre del 2015 fue de 1,588 soles. Este número representa un 10% de
incremento nominal y 7% de crecimiento real respecto al año anterior, superando
ampliamente el avance del PBI per cápita en el mismo período. ¿Cómo explicar
este comportamiento, sorprendente y positivo, en medio de numerosos indicadores
a la baja?
Este
incremento laboral ha sido bastante generalizado: por niveles educativos, todos
aumentan sus ingresos reales en 4 por ciento o más; por grupos de edad, el
ingreso real promedio crece encima de 6,5 por ciento; por sectores económicos,
todos crecen a excepción de construcción; por tamaño de empresa y género de
trabajadores también encontramos un desarrollo similar.
Asimismo,
no se trataría de un puro efecto composición pues la estructura de la PEA
ocupada remunerada varia poco de un año a otro, en todo caso explicaría no más
de dos puntos del incremento. También hay que señalar que la fuente de
información (EPE) es representativa y con una serie adecuada de preguntas sobre
ingresos de trabajadores formales e informales, ya que se encuesta a hogares.
Por último, se responde al mismo
cuestionario desde el 2003, sin interrupción por cerca de 150 meses.
Precisamente,
si uno revisa la serie histórica y la compara con la evolución de la economía
peruana, nota tres hechos (ver el artículo completo en https://www.facebook.com/EconomiaYFinanzasUP):
El ingreso laboral real promedio se mantuvo estancado desde el 2003 hasta mediados
del 2007, a pesar de que la economía empezaba a crecer sostenidamente, quizás debido
al exceso de oferta de trabajo acumulado como consecuencia del estancamiento económico
secular y la última prolongada recesión entre 1998 y el 2002.
El
ingreso real promedio comenzó a incrementarse desde el 2007 y siguió creciendo
hasta finales del 2009, no obstante que la economía peruana se había
desacelerado abruptamente un año antes debido a la crisis financiera
internacional. Al parecer, existe cierta inercia en la fijación de condiciones
en el mercado laboral peruano, el cual reacciona con un retraso de alrededor de
12 meses para ajustarse a cambios bruscos en la macroeconomía.
El
ingreso real inició una nueva fase de crecimiento desde fines del 2010 que
todavía no ha culminado, precisamente, porque aún no se ha terminado de trasladar
la desaceleración macroeconómica al mercado laboral. Esta es una buena noticia que,
sin embargo, acabaría pronto. Se podría argumentar que el escenario actual es
mucho menos dramático que el del 2009, por lo que no debería esperarse una
caída en los ingresos reales (de hecho, resulta auspicioso que la pobreza haya
seguido disminuyendo en el 2014, tal como lo acaba de revelar el INEI en su
informe anual).
No
obstante, es urgente que el PBI recupere una mayor tasa de crecimiento, antes
de que se empiece a notar una sensación de estancamiento y desaliento en el
mercado laboral, que afecte a su vez el crecimiento del consumo dinámico hasta
ahora. Es necesario poner todos los esfuerzos, desde todos los niveles, para
que en el resto del 2015 recuperemos una senda de crecimiento económico cercana
al 5 por ciento de potencial peruano. Publicado en el diario El Comercio el 29 de abril del 2015.