miércoles, 15 de febrero de 2017

Facebook y la posverdad

Bien utilizada, Facebook es una herramienta poderosa para seguir aprendiendo y actualizándose cada día. En lo personal, por ejemplo, me nutro de las columnas, videos y audios de TED, The Economist, WEF, Business Insider, NPR y otras fuentes, principalmente a través del Facebook.

Asimismo, entre amigos, colegas, alumnos y egresados compartimos casi inmediatamente artículos y reflexiones valiosas sobre diversos temas académicos y no académicos.  También resulta asombroso cómo podemos ser parte de la experiencia (con cierta sana envidia) de lo que amigos en otras partes del planeta gozan y publican en tiempo real. Y no cabe duda que muchos “memes” son sabios o hilarantes por lo que se vuelven virales en minutos.

Facebook tiene a una cuarta parte de toda la población mundial (y cerca de la mitad de los peruanos) participando activamente de su red (mucho más que Whatsapp, Twitter e Instagram juntos). Los “facebookers” comparten 5 mil millones de piezas de contenido diariamente por lo que toda clase de organizaciones (empresas, partidos, clubes, medios, etc.) están extremadamente interesadas en lograr visibilidad en dicha red social.

El año pasado ha sido muy aleccionador al respecto. Más de la mitad de los electores británicos y estadounidenses se informaron de las campañas electorales y la evolución de sus resultados exclusivamente por Facebook, sin necesidad de recurrir a los tradicionales canales de televisión o los medios impresos.

Pero no todo es color de rosa en estos tiempos de hiperacceso a la información. En particular, me sorprendió que el Diccionario Oxford designara como la palabra del año 2016 a “post-truth (posverdad)”, la cual definió como un “neologismo que denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

En la era posverdad, una noticia o afirmación puede viralizarse en pocos minutos, apelando más rápidamente a la emoción que a verificación de fuentes confiables, e influir en eventos trascendentales (como elecciones y plebiscitos) o en aspectos económicos estructurales (el prestigio bien ganado de una marca de consumo, o la situación financiera de una economía, por ejemplo). Un desmentido posterior, una reflexión mayor, o un análisis más profundo, pueden llegar muy tarde.

Como economista, preocupa que esta proliferación instantánea de buena y mala información pueda contribuir a mayores niveles de volatilidad, tensión, manipulación y polarización política, económica y social, entre otros aspectos adversos. ¿Estamos condenados los hiperconectados a que pasen por nuestros ojos tantas verdades como mentiras simultáneamente?

Facebook ha sido blanco de críticas ante este creciente fenómeno de la posverdad. Se ha defendido argumentando que menos del 1% de los contenidos difundidos por su red social son falsos. Ahora mismo está en una campaña de desarrollo de nuevos procesos de verificación y advertencias en caso se difundan contenidos que no han sido comprobados.

Como toda tecnología disruptiva en la historia, las redes sociales brindan grandes beneficios que hay que explorar al máximo y algunos riesgos que hay que minimizar. Mientras tanto, amable lector, verifique dos veces las fuentes de la próxima noticia exagerada que pase por sus ojos.


lunes, 30 de enero de 2017

Sobre Facebook y la información viral


Mark Zuckerberg es la única persona debajo de 35 años ubicada entre los 10 hombres más ricos del planeta, con una fortuna estimada en 45 mil millones de dólares (Forbes, 2016). Todo esto gracias a la omnipresencia en el mundo actual de Facebook, una red social que tiene solo 13 años de edad, y que permite compartir información gratuita e instantáneamente entre amigos y seguidores a nivel universal. Zuckeberg tiene una personalidad carismática y ejerce una reconocida labor filantrópica para atender muchos problemas que todavía aquejan al mundo. Sin embargo, este artículo se enfoca en su icónica herramienta de socialización de la información.

Facebook tiene más de 1,800 millones de usuarios activos mensuales en el mundo (17 millones de peruanos) y más de 1,200 millones se conectan diariamente a su red (mucho más que Whatsapp, Twitter e Instagram juntos). Estos usuarios comparten 5 mil millones de piezas de contenido diariamente y generan asimismo cerca de 5 mil millones de “likes” en un día, por lo que toda clase de compañías y organizaciones en el mundo están extremadamente interesadas en lograr visibilidad en dicha red social.

Bien utilizado, Facebook es una herramienta poderosa para seguir aprendiendo y actualizándose cada día. A mí, en particular, me llegan las columnas, videos y audios de TED, The Economist, WEF, Business Insider, NPR y otras fuentes, principalmente a través del Facebook. Asimismo, entre amigos, colegas, alumnos y egresados compartimos artículos y reflexiones sobre diversos temas académicos y no académicos. Resulta asombroso como podemos experimentar (con cierta sana envidia) lo que amigos en otras partes del planeta gozan y publican en tiempo real. Y no cabe duda que muchos “memes” son sabios o hilarantes por lo que se vuelven virales en minutos.

El año pasado ha sido muy aleccionador al respecto. Más de la mitad de los electores británicos y estadounidenses se informaron de las campañas electorales y la evolución de sus resultados exclusivamente por Facebook, sin necesidad de recurrir a los tradicionales canales de televisión o los medios impresos.

Pero no todo es color de rosa en estos tiempos de hiper-acceso a la información. El Diccionario Oxford designó como la palabra del año 2016 a “post-truth” (posverdad) un neologismo que denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

En la era posverdad, una noticia o afirmación puede viralizarse en pocos minutos, apelando más rápidamente a la emoción que a verificación de fuentes confiables, e influir en eventos trascendentales (como elecciones y plebiscitos por ejemplo). Un desmentido posterior o una reflexión mayor pueden llegar muy tarde.

El mes pasado, un joven estadounidense confirmó haber ganado decenas de miles de dólares en publicidad, luego de que las noticias que creara sobre votos fraudulentos lograran más de 6 millones de vistas en su página de Facebook.

¿Estamos condenados a vivir con esta explosión de buena y mala información al mismo tiempo? ¿A que pase por nuestros ojos tanto verdades como mentiras simultáneamente? ¿Cómo evitar este aspecto indeseable del asunto?

Facebook ha sido blanco de críticas ante la proliferación de la posverdad. Se ha defendido argumentando que menos de 1% de los contenidos difundidos por su red social probaron ser falsos. Ahora mismo está en una campaña de desarrollo de más procesos de verificación y advertencias cuando se difunden contenidos que no han sido verificados.

Como toda tecnología disruptiva en la historia, las redes sociales brindan grandes beneficios que hay que explorar al máximo y algunos riesgos que hay que minimizar. Mientras tanto, amable lector, verifique dos veces las fuentes de la próxima noticia exagerada que pase por sus ojos.


miércoles, 18 de enero de 2017

Entrevista a Gustavo Yamada

Gustavo Yamada es un destacado economista peruano con una larga trayectoria académica. Es Director del Centro de Investigación, y profesor principal del Departamento Académico de Economía de la Universidad del Pacífico. Además, es miembro del Directorio del Banco Central de Reserva del Perú y miembro del Consejo Nacional de Educación del Perú. Ha sido decano de la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad del Pacífico, viceministro de Promoción Social del Ministerio de Trabajo, economista Senior del Banco Interamericano de Desarrollo y economista fiscal en el Fondo Monetario Internacional.

FE: Cuéntanos cuál es tu formación. ¿Dónde estudiaste y sobre qué temas investigaste?

GY: Estudié el pregrado de Economía en la Universidad del Pacífico, en Lima, Perú. En los años 80 de crisis de la deuda, alta inflación y estancamiento económico, los temas macro financieros eran de mucho interés para mi generación, por lo que hice mi tesis de bachillerato sobre el comportamiento de la banca comercial peruana en ese contexto, con la asesoría de Julio Velarde.  Antes del posgrado, tomé el curso de especialización y trabajé en el Banco Central de Reserva y la banca privada, luego, me animé por la consultoría y el periodismo económico. Al ganar la Beca Fulbright, empecé el doctorado en Columbia University, regresando a los cursos puros y duros de Economía.  Ese primer año de doctorado me impresionaron mucho las materias de macroeconomía de Ricardo Caballero y Michael Gavin.

FE: ¿Quiénes te han influenciado en tu carrera y por qué?

GY: Un par de períodos de Summer Intern en el Banco Mundial con George Psacharopoulos me convencieron de la oportunidad vital para especializarme en un área poco explorada entonces en el Perú: la economía laboral.

Entonces tomé los dos cursos clásicos de Economía Laboral, para suerte mía, con uno de los padres de la especialidad, Jacob Mincer, y los cursos de Desarrollo Económico, con otros dos grandes de la profesión: Ronald Findlay y Jagdish Bhagwati. Decidí hacer mi tesis de doctorado sobre la informalidad laboral en países en desarrollo, tratando de contrastar las teorías de Hernando de Soto con las hipótesis estructuralistas de la época. Regresé al Perú ya como Profesor de la Universidad del Pacífico y empecé a desarrollar una agenda de investigaciones sobre economía laboral, que desembocó en un par de libros. Pero el riesgo o la tentación de llevar a la práctica lo que investigas en nuestros países suele ocurrir y terminé entonces de Viceministro de Promoción del Empleo a los 33 años, logrando formar un equipo de lujo con Jaime Saavedra, Miguel Jaramillo, Hugo Ñopo, Juan Chacaltana, entre otros, y entrenando a un buen grupo de jóvenes egresados que han seguido haciendo carrera en el sector público y académico internacional, como Jorge Arrunátegui y José Carlos Galdo, y varios más.

FE: Has tenido una amplia carrera en organismos internacionales y en la función pública. Pero siempre has vuelto a la actividad académica. ¿Qué reflexiones te generan este ir y venir entre esos dos mundos?

GY: Efectivamente, con el doctorado en economía me quedaba ese interés por trabajar unos años en organismos internacionales, cosa que hice en el FMI y en el BID en los ámbitos macro-fiscal y micro sobre pobreza y desigualdad. La carrera de economía, como probablemente muy pocas, te ofrece un abanico de posibilidades laborales inmenso, tanto en términos de la temática desde lo macro financiero nacional e internacional hasta los temas micro y sociales como pobreza, empleo, crimen, salud, entre otros.  Asimismo, en cuanto a la función específica, puedes alternar a lo largo de tu ciclo de vida laboral estancias más académicas analíticas con períodos más orientados a la acción e implementación de políticas. Esta posibilidad es más factible si logras una sólida formación académica y una buena experiencia en la investigación y luego vas a la práctica.

FE: Fuiste economista senior del BID y luego Viceministro de Promoción Social del Ministerio de Trabajo. ¿Cómo creías que el BID ayudaba a los gobiernos cuando trabajabas allí y cómo cambió tu visión una vez que estuviste del otro lado del mostrador?

GY: Además de ser una fuente de financiamiento necesaria para países en dificultades económicas, los organismos internacionales prestan una labor mucho más pertinente de asesoría y discusión de buenas prácticas y opciones de política con nuestros países. Por supuesto que hay que tener claro el rol que uno juega cuando está a uno u otro lado del mostrador, pero cuando hay transparencia, alta calidad técnica, y sobretodo el objetivo común de contribuir con la solución de problemas económicos y sociales del desarrollo, se puede establecer un diálogo pertinente y útil.

FE: Más generalmente, ¿cuál piensas debe ser el rol del Banco Mundial y el BID en el proceso de desarrollo de América Latina?

GY: En tiempos normales de acceso directo a fuentes de financiamiento internacional para nuestros países con grado de inversión, la función principal deber ser la asesoría en buenas prácticas y trabajo analítico comparativo. Por supuesto que en tiempos de crisis internacional aguda las líneas de crédito de los organismos deben seguir siendo parte importante del menú.

FE: Existe un consenso importante sobre la necesidad de que América Latina aumente el crecimiento de su productividad. ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo se logra?

GY: Estoy de acuerdo con ese creciente consenso alrededor del incremento de la productividad, como receta indispensable para nuestra región. Casi por definición, se trata de aumentar el producto por habitante o trabajador, lo cual es sinónimo de desarrollo económico al que todos aspiramos.  Para tener ciudadanos y trabajadores más productivos necesitamos mayores y mejores inversiones en capital humano (educación, salud y nutrición de calidad), importación, adaptación y generación de tecnología, y un ambiente de negocios que permita florecer al sector privado en todas las actividades económicas rentables posibles.  

FE: ¿No crees que, dada su importancia, hay poca investigación sobre el tema de productividad?

GY: La dificultad mayor ha sido por la ausencia de buenas bases de datos a nivel de firmas o empresas. En las últimas décadas, y gracias al Banco Mundial y al BID, se ha logrado muchísimo con la gran calidad y comparabilidad de las encuestas de hogares en América Latina. El siguiente paso es avanzar de manera análoga con encuestas y censos económicos a firmas, sobre todo teniendo en cuenta el universo heterogéneo empresarial de nuestra región. Nikita Céspedes, Pablo Lavado y Nelson Ramírez han hecho un buen estado de la cuestión sobre la productividad en el Perú recientemente.

FE: Otro consenso en América Latina es que se debe reducir la desigualdad existente. ¿Cómo se logra?

GY: A diferencia del mundo desarrollado y otras regiones, América Latina en general y el Perú en particular tuvieron avances de reducción de desigualdad en la última década y media, y eso es bienvenido. En el Perú en específico, el crecimiento económico récord, asociado al boom de las materias primas y  mejores políticas, fue ampliamente compartido reduciéndose la pobreza a la mitad y la desigualdad entre el 15% y el 20%, gracias a un auge en el empleo e ingresos rurales y urbanos y políticas sociales apropiadas.  No debemos perder de vista que el concepto fundamental y objetivo de las políticas públicas debe ser una creciente igualdad de oportunidades que implica educación, salud e infraestructura de calidad para todo el país.

FE: ¿Cuál crees vos que son otros grandes desafíos en América Latina?

GY: La precariedad institucional sigue siendo grande. Hay sectores como la justicia y la seguridad interior que se han quedado bien al margen de los avances recientes y que todavía generan interrogantes sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo.

FE: Finalmente, tú estás involucrado de varias formas con la educación en Perú, ¿Cómo has visto la gestión de Jaime Saavedra y su censura parlamentaria?

GY: Empezaré por referirme a algunos aspectos positivos que han permitido que Jaime logre sentar las bases de reformas educativas que difícilmente  puedan revertirse en su totalidad. Regresar al Perú directamente al Ministerio de Educación, luego de una larga estancia en el Banco Mundial, fue una ventaja pues le permitió mayor libertad de acción y una mirada y perspectiva de conjunto que muchos locales pueden perder por estar empantanados en los detalles y la política interna. Sin embargo, Jaime conocía bien a los equipos locales pues había trabajado extensamente en el Perú luego del doctorado. En ese sentido, en nuestros países, como en todas partes, las redes profesionales de confianza son cruciales. Y, vueltas que da la vida, varios de los economistas que trabajamos en el Ministerio de Trabajo con Jaime, pudimos apoyarlo casi dos décadas después.  Luego de tres años de intensa labor en todos los niveles educativos, se ha logrado consolidar un número importante de funcionarios que deben seguir adelante con las reformas que son de larga duración. La censura parlamentaria ha sido una experiencia ingrata, que no se la deseo a nadie, pero las bases de la reforma estimo que se van a poder sostener.

FE: ¡Muchas gracias, Gustavo!

Entrevista realizada por el equipo de Foco Económico
Link de la entrevista http://focoeconomico.org/2017/01/08/entrevista-a-gustavo-yamada/

lunes, 9 de enero de 2017

Competencias para el desarrollo

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), es una prestigiosa institución conformada por 34 países, la mayoría de ellos con los índices de desarrollo más altos del planeta. Es una aspiración peruana ampliamente compartida lograr la admisión formal a este foro, de ser posible con la celebración del bicentenario de nuestra independencia.

La OCDE analiza y comparte las mejores prácticas en políticas públicas entre sus países miembros, lo cual favorece una mejora continua en las mismas. Una de sus primeras actividades de cooperación con el Perú es el “Programa  País” que se centra en cinco temas vitales: crecimiento económico, gobernanza pública, transparencia y lucha contra la corrupción, medio ambiente, capital humano y productividad.

En este marco, OCDE presentó recientemente su “Estrategia de competencias aplicada al Perú” y su estudio “Competencias más allá de la escuela en Perú” en un evento conjunto con los Ministerios de Trabajo y Educación. Como el lector habrá notado, OCDE utiliza el término “competencias” como traducción del inglés “skills”, que aquí suele asociarse con mayor frecuencia a la palabra “habilidades”.

OCDE identifica 9 desafíos para nuestro país que van desde mejorar competencias básicas a nivel de educación inicial, primaria y secundaria (la prueba PISA es uno de los desarrollos más influyentes de este foro), acceso a una educación superior de calidad, legislación para facilitar el empleo formal, capacitación laboral continua, hasta proveer de mayor información para empatar la oferta y la demanda de competencias.

Todos estos retos sonaran familiares al lector frecuente de esta columna, pues han sido identificados y discutidos aquí en varias oportunidades. No obstante, su expresión de manera clara y contundente por un evaluador externo de la talla de la OCDE ayuda a reconocer vacíos y brechas pendientes. Por ejemplo, este foro nos recuerda que el costo relativo de la formalización laboral para los segmentos más pobres del país es varias veces más alto que para las clases medias y altas. Este hecho aunado a sus bajos niveles de productividad generan barreras infranqueables para la formalidad.

Asimismo, los documentos enfatizan la necesidad de revalorizar la educación técnica desde la secundaria hasta el nivel superior y alinearla mejor con las necesidades de nuestro aparato productivo. Esta presentación de OCDE, junto con el documento CAF sobre habilidades reseñado en una columna anterior, y la reciente discusión en la UP sobre la brecha persistente entre la educación superior y el empleo, contribuyen a generar un momento propicio para apuntalar la educación tecnológica en el Perú.


La coyuntura no podía ser más adecuada: se acaba de promulgar la Ley 30512 que realiza toda una reforma en el funcionamiento de los institutos y escuelas de educación superior tan necesaria para el país. Entre sus varios aportes elimina el sesgo anterior que establecía a las carreras técnicas como “inferiores” a las universitarias, alejando de ellas a muchos jóvenes talentosos. No hay tiempo que perder para redactar un reglamento expeditivo de esta ley, a fin de cerrar la brecha entre formación y empleo más aceleradamente. ¡Bienvenida a continuar con las reformas Ministra Martens y muchos éxitos en su gestión!

Publicado en El Comercio el día 7 de enero del 2017

Resultados PISA y una gestión sobresaliente

Esta semana se conocieron mundialmente los resultados de PISA 2015, la más prestigiosa evaluación de aprendizajes de estudiantes a los 15 años de edad. Ha habido mejoras importantes para Perú, que nos indican que estamos en la dirección correcta, que falta mucho camino por recorrer todavía, y que sería un despropósito para el país en esta coyuntura perder uno de los mejores equipos del sector educativo de las últimas décadas.

Hace tres años los titulares señalaban que Perú había quedado último en la PISA 2012. Esta noticia coincidía con un evento mucho más positivo: la elección del Perú como el mejor destino culinario mundial (El Comercio, 3/12/13, p.1). El contraste entre estas dos notas no podía ser mayor y hacía más evidente nuestro rezago educativo.

El Ministro Saavedra recién tenía un mes en el cargo, por lo que este hecho marcó una línea de base importante para evaluar su gestión. Pues bien, los resultados de la prueba del 2015 señalan avances significativos en todos los frentes.

El puntaje en comprensión lectora escaló de 384 a 398 puntos (ubicación 62 entre 69 países que se presentan voluntariamente a la prueba, de un total de 193 naciones en el mundo; es decir, podríamos estar ingresando al primer tercio de países en resultados educativos). Asimismo, el puntaje en matemáticas se incrementó de 368 a 387 (puesto 61) y en ciencias aumentó de 373 a 397 (ubicación 63). Los mayores ascensos en América Latina y entre los mejores en el mundo.

Sin embargo, no queda claro qué significan estos puntajes. Hay otra manera más intuitiva de mirar a PISA: lograr por lo menos un nivel 2 en la prueba es evidencia de competencias mínimamente adecuadas para una sociedad global del siglo XXI. En este sentido, el porcentaje de adolescentes peruanos con nota aprobatoria en comprensión lectora ha pasado de 40.1% a 46.1%, en matemáticas de 25.6% a 33.9%, y en ciencias de 31.5% a 41.5%. Son valiosos puntos porcentuales de mejora que significan alrededor de cincuenta mil chicos más de esta cohorte de 15 años con aprendizajes pertinentes para el mundo de hoy. Todo esto es fruto del creciente esfuerzo de sucesivas administraciones por apuntalar la educación peruana.

Especialistas de la OCDE y el BID proyectan que si el Perú mantiene este ritmo de mejora en sus aprendizajes, podría alcanzar el nivel actual de desempeño de países industrializados entre 14 y 21 años más. Son mensajes alentadores que no deben llevarnos a la complacencia y dejar en “piloto automático” el sector. Por el contrario, se trata de acelerar el paso en la ruta que la actual gestión lidera, a fin de que todas las instituciones educativas, públicas y privadas, escuelas, institutos y universidades, brinden una educación de calidad al alcance de todos los peruanos.


Jaime Saavedra y un gran equipo de colaboradores, animados por su liderazgo honesto y profesional, han avanzado con la revalorización docente, inversión en infraestructura, actualización legislativa, desarrollo de contenidos, y un clima de paz laboral en el sector, pocas veces visto en nuestro querido país. ¿Vamos a dejar que todo esto se ponga en riesgo, perdiendo otra vez la oportunidad de lograr nuestro desarrollo? 

Publicado en El Comercio el día 10 de diciembre del 2016

lunes, 28 de noviembre de 2016

No se trata solo de habilidades cognitivas

Nos tocó comentar el último Reporte CAF “Más habilidades para el trabajo y la vida”, presentado en la Universidad del Pacífico. El volumen discute de manera comprensiva los aportes de la familia, la escuela, el entorno y el mundo laboral a la formación de estas habilidades.

Para lograr una adecuada inserción al trabajo y una vida plena, ya no basta acumular un nivel suficiente de habilidades cognitivas durante el proceso educativo. El consenso académico indica que igualmente importante es desarrollar un conjunto de habilidades socioemocionales –llamadas también competencias blandas–, que tienen que ver con aspectos como la perseverancia, la determinación, el autocontrol, la necesidad de logro, la apertura a nuevas experiencias, la extraversión y la empatía, entre otros.

Con Juan Francisco Castro, Pablo Lavado y un equipo del CIUP hemos medido el impacto de algunos de estos rasgos en la población adulta peruana, gracias a una encuesta pionera del Banco Mundial. Así, un bajo nivel de habilidades socio-emocionales influye negativamente tanto en la decisión de continuar con la educación superior como en las condiciones laborales y posibilidades de éxito en el primer empleo post-universitario.

Sin embargo, ¿cómo compararnos con otros países si no existen pruebas internacionales en estas áreas? CAF utiliza la metodología Borghans-Schils y PISA (pruebas estandarizadas de lectura, matemática y ciencias) para captar también déficits relativos en habilidades socio-emocionales, a través del porcentaje de alumnos cuyo rendimiento decae durante la prueba (la dificultad de las preguntas está distribuida aleatoriamente).

En países líderes, como Finlandia y Singapur, los porcentajes de estudiantes que responden correctamente las preguntas disminuye en cuatro a cinco puntos entre la primera y última (de 88% a 84% en el primer caso, y de 83% a 78% en el último). En cambio, en el Perú la pendiente negativa es cinco veces mayor: va desde 54% de aciertos en la primera pregunta a solo 29% en la última. En proporción, somos con Colombia los países latinoamericanos con mayor tasa de decaimiento en este novedoso indicador, lo que denota falta de persistencia y motivación.

Hugo Ñopo coincidió en destacar estos déficits en áreas socioemocionales como una restricción para nuestro desarrollo. Comparó estos resultados con nuestro desempeño en otras facetas como el fútbol. Somos el seleccionado sudamericano que menos sostiene un marcador favorable en los últimos diez minutos del primer o segundo tiempo de un partido (¡esperamos que el histórico 4-1 ante Paraguay de esta semana, luego de 12 años de no ganar de visita y remontando un marcador adverso, sea el inicio de un cambio de tendencia sostenido!).

¿Cómo hacer frente a estos déficits acumulados desde la primera infancia y perpetuados en la adultez? No hay todavía recetas mágicas desde el sistema educativo, pero un enfoque transversal que incluya la buena crianza, el deporte, el arte y la tutoría permanente parece imprescindible (la presencia de tres ministros en el evento demuestra la importancia del tema).


La noticia alentadora es que economistas y psicólogos expertos mundiales, como Heckman y Duckworth, señalan enfáticamente que sí se puede invertir en mejorar estas competencias desde temprano y que su retorno privado y social está por demás asegurado.

Publicado en  El Comercio el día 13 de noviembre de 2016

martes, 18 de octubre de 2016

Tanques de ideas y propuestas

En los últimos años se ha extendido el uso del término anglosajón “think tank” (que literalmente se traduciría como “tanque de ideas”) para referirnos a diversos centros de estudios e investigación aplicada que tienen entre sus objetivos analizar, generar evidencia y elaborar propuestas de políticas públicas que coadyuven al desarrollo.

Algunos think tanks le dan mayor énfasis a la investigación académica original y revisión entre pares expertos, que sustente la rigurosidad de sus iniciativas. Otros centros le ponen más empeño a la divulgación de propuestas entre un público más amplio y a la incidencia en los tomadores de decisiones de política. Sin embargo, los thinks tanks más reconocidos tienden a hacer bien ambas tareas.

Algunos think tanks están afiliados a universidades públicas o privadas, otros centros son creados a partir de una fundación benefactora, la mayoría de think tanks se mantienen independientes de filiación política (aunque esto no signifique que no haya  preferencias reveladas por diversas doctrinas políticas entre sus miembros), otros sí tienen conexión institucionales con algunos partidos.

El protagonismo que han ido adquiriendo los think tanks en el Perú ha sido particularmente importante para apoyar el desarrollo de políticas públicas, puesto que los cuadros en el Estado no suelen contar ni con el tiempo ni los recursos para dedicarlos a generar nueva evidencia, ideas y propuestas. Asimismo, los partidos políticos han carecido de estructuras permanentes que les permita hacer este trabajo de base. También ha sucedido que muchas universidades no realizan investigación aplicada al desarrollo, ni se conectan con la discusión de políticas.

Desde el 2013 la iniciativa “On Think Tanks” y la revista PODER reconocen anualmente a los think tanks que han destacado por su producción e incidencia en la discusión de políticas públicas en el Perú.

Hoy en día resulta difícil pensar en lo que se habría logrado sin el concurso (en las propuestas, debate e implementación) de organizaciones como el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), el Grupo Apoyo, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el Instituto Peruano de Economía (IPE), Macroconsult, la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA),  Soluciones Prácticas, Videnza, o el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP). Todos ellos han sido reconocidos por sus iniciativas a lo largo de los últimos años.

En nuestro país, además de think tanks, podemos calificar a estos centros como “policy maker tanks” pues conforman un conjunto valioso de expertos, que muchas veces son los que más han investigado y discutido propuestas en cada sector, y que luego se convocan para servir en la administración pública.


Una vez finalizada esta experiencia en la acción, ellos suelen regresar a los think tanks a repensar los temas, después de haber enfrentado las múltiples restricciones de la política, y a enriquecer las agendas de reflexión y propuesta futura. Y así se completa un círculo virtuoso, que hay que promover y aplaudir, tal como haremos en estos días durante la “Semana de la Evidencia” organizada por la Alianza Peruana para el Uso de la Evidencia.

Publicado en  El Comercio el día 15 de octubre de 2016