sábado, 19 de agosto de 2017

Investigación y competitividad al pie del Misti

Me tocó regresar a Arequipa en vísperas de la celebración de su fundación española, ocurrida el 15 de agosto de 1540. Hacía una década que no visitaba la Ciudad Blanca y lo que percibí recorriéndola, en días de sol esplendoroso y magníficas noches despejadas, fue un importante crecimiento económico y comercial. Los indicadores macrorregionales así lo señalan: según estimaciones del PBI departamental del INEI, la economía arequipeña se expandió 75% en términos reales y 60% en niveles per cápita entre el 2007 y el 2016, registrándose una aceleración en el último trienio, gracias a la ampliación de la actividad minera.

Este relativo auge económico se tradujo en mejoras significativas en varios indicadores sociales. Así, la incidencia de la pobreza monetaria en Arequipa en el período citado disminuyó de 25% a 11%, mientras que la población con necesidades básicas insatisfechas, en las dimensiones de educación, agua y vivienda, se redujo de 23% a 11%.

Encontré algunos signos visibles del progreso acumulado en la ciudad, cuya área metropolitana supera el millón de habitantes: los desgastados y ultrapequeños taxis Tico han sido reemplazados casi en su totalidad por unidades más modernas, cómodas y seguras. Las quejas por el tráfico se han incrementado, pero este resulta moderado comparado con los atoros permanentes en Lima y, en realidad, refleja el dinamismo de la región.

Hay media docena de modernos malls que se disputan la preferencia de los clientes. La oferta gastronómica se ha sofisticado, tanto como la limeña, y complementa muy bien con el menú de atractivos turísticos. De hecho, me crucé con muchos turistas europeos y estadounidenses visitando el monumental Centro Histórico, incluido como Patrimonio Cultural de la Humanidad en el 2000. Desde el año pasado, la sucursal del BCR de Arequipa ha implementado un valioso museo en la hermosa Casa Goyeneche, a una cuadra de la Plaza de Armas, que puede visitarse gratis.

No hubo esta vez más tiempo para el turismo: la visita estuvo centrada en una serie de entrevistas a autoridades e investigadores de la Universidad Nacional San Agustín y en conversaciones con empresarios de la región, iniciativa auspiciada por el Ministerio de Educación. La finalidad era comprender al detalle las restricciones institucionales y operacionales que impedirían un vínculo más estrecho entre la agenda de investigación académica y las necesidades de desarrollo regional. Se trata de una de las brechas a la que hemos aludido anteriormente en esta columna, y que a veces se acentúa a nivel regional. No obstante, el trabajo conjunto de la nueva administración de la emblemática universidad arequipeña, el Concytec, los investigadores y los empresarios tiene toda la voluntad de ir acortándola.

Este acercamiento universidad-empresa se está haciendo realidad para la minería y esperamos que se extienda a otros sectores arequipeños importantes como la agroexportación, el turismo y la creciente actividad del software. Afortunadamente, existen recursos del canon reservados para la investigación y que, luego de varios años de letargo, empiezan a moverse para impulsar la innovación y competitividad de la región.

sábado, 15 de julio de 2017

Momento decisivo para la educación superior

Así se titula un reciente reporte del Banco Mundial sobre América Latina. Es un momento decisivo porque la demanda por educación superior se ha multiplicado en las últimas décadas. La proporción de jóvenes entre 17 y 22 años que asisten a universidades e institutos creció de 17% en 1991 a 40% en el 2010. Esta ha sido la expansión comparativa mundial más grande de estas últimas décadas.

En el caso peruano, ya estamos en una matrícula bruta cercana al 50%, según la Unesco. Esta mayor demanda no ha sido solo de parte de los hijos de una élite tradicional, sino que se trata de la primera generación de diversas familias de clases populares y emergentes que aspiran acceder a la educación superior como vehículo de movilidad social.

Hemos tenido un gran avance cuantitativo, pero los problemas de heterogeneidad de calidad, pertinencia y empleabilidad son más evidentes. Ello tiene que ver con la forma en que la oferta respondió a esta mayor demanda. Las universidades públicas de prestigio se estancaron en población estudiantil y estándares de calidad académica debido a la crisis económica del Estado y la politización excesiva de los claustros. Una buena parte de las universidades privadas de calidad se expandieron, pero no a las tasas requeridas para absorber la mayor demanda potencial.

En este sentido, la nueva legislación para abrir universidades e institutos decretada en los noventa puede explicarse como una respuesta ante esta demanda inédita. Sin embargo, esta no fue acompañada por una regulación necesaria para monitorear eficazmente la calidad y pertinencia de la oferta. En el CIUP evidenciamos que los estándares de calidad promedio de la nueva oferta fueron menores a los previamente vigentes y este deterioro explicaría los mayores niveles de subempleo profesional actual. También es cierto que los estándares académicos de los nuevos jóvenes ingresantes fueron inferiores.

En estos últimos tres años se está implementando progresivamente un nuevo modelo de regulación universitaria y de institutos, para que todo el sector llegue a equilibrios de acceso y calidad razonables que contribuyan a brindar mejores oportunidades a las familias e impulsen el desarrollo. Los procesos de licenciamiento y acreditación, y la difusión de información de empleabilidad de egresados con Ponte en Carrera son imprescindibles.

En el Consejo Nacional de Educación estamos formulando una propuesta de política integral de desarrollo de la educación superior de largo plazo. Esta servirá para que nos terminemos de enrumbar, con mayores niveles de acceso y mucha mayor calidad, al desarrollo de capital humano de alto nivel que alimente lo que será el nuevo Proyecto Educativo Nacional al 2036.

P.D.: En la columna anterior revisamos lo poco invertido en ciencia, tecnología e innovación. Hoy nos esperanza la designación de Fabiola León-Velarde, brillante científica y gestora universitaria, como presidenta de Concytec.

domingo, 18 de junio de 2017

Diez mil horas de práctica

Una sociedad que invierte en capital humano y brinda el desarrollo pleno de las potencialidades humanas de todos sus habitantes cosechará grandes profesionales, artistas y científicos.

En estas últimas semanas coincidieron los 50 años de publicación de dos obras maestras de las artes universales, convertidas en clásicos modernos por la crítica especializada y varias generaciones de público en todo el mundo: “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez y “St Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles.

Aparentemente, estos genios surgen muy de vez en cuando, cargados de mucho talento y creatividad innata. Sin embargo, Malcolm Gladwell, en su ‘best seller’ “Outliers” (Fueras de Serie) del 2008, nos propuso un factor común indispensable para llegar a esa condición: haber tenido y aprovechado la oportunidad de practicar alrededor de 10.000 horas hasta realmente alcanzar la maestría en la disciplina como para desarrollar obras maestras.

Evidentemente, el número exacto de horas resulta referencial, pero los ejemplos de Gladwell son convincentes. Tomemos el caso de The Beatles. Conocemos su éxito mundial a partir de 1964, pero en realidad Lennon y McCartney empezaron a tocar juntos desde 1957, cuando, por entonces, nadie pagaba por escucharlos en su natal Liverpool. Felizmente, en 1960 consiguieron un contacto para viajar y tocar en Hamburgo, todas las noches hasta ocho horas seguidas (y mal pagadas), en cinco ocasiones durante varios años, lo que resultó vital para completar sus 10.000 horas de práctica.

Con este entrenamiento frenético, los Beatles lograron la perfección para convertirse en esa máquina creadora y la banda musical más importante del siglo XX. Otros ejemplos emblemáticos que utiliza “Outliers” con estimados similares de tiempos de training son los de Bill Gates, Bill Joy y hasta Mozart. García Márquez no forma parte de “Outliers”, pero argumentos similares aplicarían para él. Gabo ha confesado que desde los 17 años no había hecho otra cosa que levantarse todos los días temprano y sentarse ante un teclado para llenar una página en blanco.

¿Cómo podemos relacionar estos ejemplos con la economía del desarrollo de un país? Las teorías modernas de crecimiento indican que para completar un proceso de desarrollo económico se necesita tanto una acelerada acumulación de factores (el sacrificio del trabajo duro, el ahorro e inversión en mayor capital físico y humano) llamado efecto “transpiración”, como un aumento de la productividad de los factores (que es generado por buenas políticas, la innovación y el progreso tecnológico) llamado efecto “inspiración”. Los Beatles y García Márquez son ejemplos geniales de la necesaria combinación de transpiración e inspiración para lograr el desarrollo a nivel personal y de todo un país.

Una sociedad que invierte en capital humano de alta calidad y brinda el ecosistema propicio para el desarrollo pleno de las potencialidades humanas de todos sus habitantes cosechará como consecuencia grandes profesionales, artistas y científicos, varios genios entre ellos, lo que alimentará su proceso de desarrollo económico sostenidamente.

En particular, necesita inversiones acumulativas importantes en investigación, ciencia, tecnología e innovación –efecto “transpiración”- para que buena parte del efecto “inspiración” pueda suceder. En este sentido, no es una buena noticia el dato del último Censo Nacional de Investigación: el Perú solo invierte 0,11% del PBI en investigación y desarrollo (la séptima parte que el promedio comparativo latinoamericano y la vigésima parte que el de los países OCDE). Claramente, se trata de una asignatura pendiente por resolver de manera urgente si queremos llegar al desarrollo.

sábado, 20 de mayo de 2017

Magnífica Chicago

Una reciente visita a Chicago me permitió descubrir una hermosa ciudad de casi 10 millones de habitantes, que tiene bien ganada la fama de competir con Nueva York como la capital de la arquitectura moderna y los rascacielos en EE.UU. Gracias a su privilegiada ubicación, a orillas del lago Michigan y en conexión con los ríos del este, centro y sur del país, fue uno de los centros de la expansión estadounidense del siglo XIX.

Tuve la suerte de hospedarme cerca de la Magnificent Mile, lo que me permitió recorrer y observar en todo su esplendor la famosa arquitectura de Chicago. Además del apelativo de ‘Windy City’ (por los vientos producidos por el lago), tiene otro sobrenombre curioso: ‘Second City’. Popularmente se cree que esto es por estar detrás de Nueva York como la segunda ciudad en importancia de EE.UU. Sin embargo, la verdadera razón es que es una segunda urbe totalmente reconstruida, luego de un incendio masivo en 1871 que arrasara con gran parte de la vieja ciudad de madera.

Disfrutando de un tour arquitectónico a lo largo del río Chicago, que describía la construcción de los principales rascacielos, me vino a la mente la reconstrucción que debemos emprender para nuestras ciudades costeras del norte con bases más sólidas y que estará a cargo de un excelente egresado de la Universidad de Chicago como es Pablo de la Flor.

Chicago refleja muy bien el ciclo económico reciente. Con la crisis financiera del 2009, la tasa de desempleo se disparó hasta 12%. Hoy, la recuperación ha sido completa, pues registra un desempleo de 4,2%, dos décimas por debajo del promedio nacional, la tasa más baja de los últimos diez años. Encontré mucha actividad económica boyante en las áreas financieras, comerciales y turísticas de la ciudad.

Ciertamente, en mis largas caminatas, también me crucé con ‘homeless’. Los habitantes de Chicago con educación superior parecieran estar bien conectados con la economía moderna, pero muchos trabajadores de la “vieja” economía de la manufactura, con empleos de baja calificación, estarían viviendo situaciones difíciles de empleabilidad.

Agradezco la invitación de la Universidad de Chicago para discutir las políticas públicas en la región, en el marco del foro Latin American Matters, de la Escuela Harris de Políticas Públicas. Una buena parte del panel se centró en el descalabro de Venezuela, en contraste con una mejor situación y perspectivas en países de la Alianza del Pacífico como Colombia, México y el Perú. Estando allá, respiré el ambiente de una de las escuelas de economía y negocios más importantes del mundo, donde aún dicta un Nobel con mucha vigencia, como James Heckman, y se recuerda con gran aprecio a Milton Friedman y Gary Becker.

Antes del viaje, Chicago básicamente representaba para mí los Bulls de Michael Jordan, el grupo musical del mismo nombre, y su famosa escuela de economía. Ahora, significa mucho más y la incluyo entre mis ciudades favoritas en EE.UU.

Publicado en El Comercio el 20 de mayo de 2017

lunes, 24 de abril de 2017

Contribuciones de Grade y un Niño terrible

Grade ha servido de semillero para profesionales que luego han ocupado importantes cargos a nivel nacional e internacional.

Hace unos meses el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade) cumplió 35 años de vida. En esta edad cronológica, encontramos a Grade con una gran madurez institucional y un grueso volumen de producción de conocimiento e ideas que lo consolida como uno de los mejores ‘think tanks’ del país y la región. Grade tiene un enfoque multidisciplinario y cuenta con economistas, antropólogos, historiadores, sociólogos, pedagogos, psicólogos, entre otros profesionales.

Como su nombre lo indica, Grade nació para realizar análisis para el desarrollo. Sus investigaciones se caracterizan por un alto rigor académico y estándares internacionales, siempre con la mira de conocer mejor la realidad peruana e identificar propuestas de políticas y programas basados en evidencia. Por esta misma razón, Grade también ha servido de semillero para muchos profesionales que luego han ocupado importantes cargos públicos a nivel nacional e internacional.

Como parte de este onomástico, Grade nos entrega un libro con once balances de investigación. Vale la pena leerlo. Javier Escobal señala que uno de los mensajes recurrentes del libro es la necesidad de entender “cómo contextos heterogéneos pueden generar impactos diferenciados de una misma política… [y que] al mismo tiempo, para enfrentar el problema se requieren estrategias intersectoriales articuladas”.

En educación, se revisa el impacto del contexto, la composición escolar y el nivel socioeconómico en el rendimiento de los estudiantes, se analizan las grandes brechas de equidad todavía existentes, y se discuten avances en la atención y educación de la primera infancia, además de los retos de la carrera docente en el Perú. En programas sociales, se hace un balance del impacto de una década de Juntos, así como de otros programas alimentarios y nutricionales, y hay reflexiones sobre la magnitud y consecuencias de la violencia infantil. En medio ambiente y recursos naturales, se examinan los cambios institucionales y comunales a partir del auge de la minería, y lo mismo se hace con las adaptaciones en ecosistemas de montaña al cambio climático. Finalmente, se evalúan los aportes de la economía del comportamiento a diversos aspectos en los que nos gustaría impactar para acelerar nuestro desarrollo.

Quisiera finalizar esta columna solidarizándome con todos los peruanos afectados por este terrible e inesperado episodio de El Niño costero. Lo más positivo de la experiencia han sido los múltiples gestos de apoyo a las víctimas de parte de miles de ciudadanos, organizaciones y empresas, y la actuación destacada del Gobierno y las Fuerzas Armadas en la atención de la emergencia de manera simultánea en muchos puntos del país.

Lo más negativo del evento fue la comprobación de que la magnitud del desastre pudo haberse reducido significativamente de haberse evitado el uso y el abuso de los traficantes de terrenos.

Nos jugamos en esta reconstrucción la tarea de reorganizar adecuadamente el uso del territorio y planificar el crecimiento sostenible de las ciudades, con áreas efectivamente intangibles y sistemas de construcción y drenajes adecuados para que el próximo Niño, terremoto o tsunami nos agarre mejor preparados.

Publicado en El Comercio el 16 de abril de 2017

viernes, 24 de marzo de 2017

¿Qué deben tener en cuenta los jóvenes al elegir una carrera?

Los estudiantes deben considerar sus pasiones y habilidades, así como la demanda de la carrera, sugiere Yamada.

¿Es mejor seguir una carrera universitaria o una técnica? ¿Qué carrera puede ofrecerme un mejor retorno a futuro? ¿Quiénes son los profesionales más demandados en el mercado? Son dudas que surgen cuando un jóven planea lo qué hará terminando el colegio; y no saber qué camino seguir puede llevarlos, a menudo, en la dirección errónea.

En ese sentido, los economistas Pablo Lavado, Gustavo Yamada y Nelson Oviedo elaboraron un estudio con datos de Ponte En Carrera, para percibir el uso de la información de los salarios de los egresados y los institutos.

El Comercio conversó con Yamada, economista y director del centro de investigación de la Universidad del Pacífico (UP), para resolver algunas de estas incógnitas.

¿PROFESIONALES TÉCNICOS O UNIVERSITARIOS?

De acuerdo al especialista, un punto que los jóvenes deben considerar es que existen especialidades técnicas estudiadas en ciertas instituciones donde un egresado puede ganar más que los profesionales universitarios de ciertas carreras. "Es muy importante tener en cuenta esta información", precisó Yamada.

Es por ello que a la hora de escoger una carrera, él recomienda seguir el método PHD: pasión, habilidades y la demanda. "Es bueno tener pasión por lo que uno quiere hacer los próximos 50 años en la vida y es bueno tener algunas habilidades básicas al menos coadyuvantes de esa pasión, pero la D de demanda es crucial", resaltó Yamada.

CARRERAS EN DETALLE

A partir de lo encontrado en el estudio, Yamada precisó que en el caso de la carrera de Educación los resultados no fueron alentadores. "Se está mejorando últimamente con los aumentos que se dan en el caso de los maestros, pero los datos de Ponte En Carrera todavía comprueban que están a la zaga en remuneraciones", mencionó.

Añadió que un punto interesante que en lo que respecta a Educación, los datos muestran es que las bajas remuneraciones no solo (ocurren) en los egresados de las universidades públicas, sino también para quienes estudian en universidades privadas.

Por otro lado, destacó que los empresarios ponen mayor énfasis a calificar mejor a la mano de obra técnica. Según Yamada, las "especialidades relacionadas a la arquitectura y a la construcción pueden ganar mucho más que muchas otras carreras universitarias. Por ejemplo, la parte de geología y minería puede generar muchísimo más retorno que las carreras de humanidades en el país".

Indicó también que hay carreras que se consideran como "un bien necesario", por lo cual su demanda se mantiene en el mercado.

"Las carreras transversales como la economía y la administración tienen una demanda asegurada porque todos los sectores lo necesitan. En ese sentido, el consejo para los jóvenes es que no se sobreespecialicen; quizá después con una maestría puedan terminar enfocándose un poco más, pero ahora el sector productivo necesita competencias transversales", resaltó.

¿UNIVERSIDAD MÁS CARA = MEJOR SALARIO?

Se dice que las universidades más caras del país, al tener mayor prestigio, son la mejor opción para quienes pueden acceder a ellas. Sin embargo, el estudio de los economistas rompen este mito con un análisis más profundo sobre lo que este aspecto significa.

Yamada precisó que se llegaron a cuatro cuadrantes para separar los pros y contras de las universidades costosas y de su verdadero valor:

► Alto costo, alta rentabilidad: si bien la inversión e este sector tiene alto retorno a futuro, no es un cuadrante al que puedan acceder todos con facilidad. "Para eso sirven programas como Beca 18 y Crédito 18, que le ofrecen a jóvenes talentosos acceder a este segmento", dijo el economista.

► Bajo costo, baja rentabilidad: este es el cuadrante que se debe desalentar, pues a pesar de que la inversión es baja y accesible, el retorno a posteriori no es adecuado para un profesional.

Alto costo, baja rentabilidad: este, precisó, es el peor de los escenarios. "Ojalá Ponte en Carrera y los esquemas de licenciamiento de las universidades que se están llevando a cabo vayan eliminando rápidamente este segmento", sugirió Yamada.

Alto costo, baja rentabilidad: un sector deseable donde se tienen buenas universidades públicas de bajo costo, aunque se da un costo de oportunidad y otros gastos asociados como la preparación para acceder a ellas.

"Ahí el problema es la tasa de ingreso: uno de cada 10 de los que postulan a esa universidad logran ingresar, lo cual te da también unos estándares de coeficiente intelectual bien alto como para hacerlo y lo que no se incorpora en los cálculos es que generalmente te tienes que preparar uno dos o hasta tres años en academias para ingresar, y eso es un costo adicional que no está contabilizado", resaltó el economista.

Indicó también que hay mucha tradición de buenas universidades públicas en provincias, como la San Agustín de Arequipa; la Altiplano de Puno, y la Universidad de las Amazonías.
  

Publicado en El Comercio el 24 de marzo de 2017

sábado, 18 de marzo de 2017

La educación de calidad paga bien

Un reciente estudio del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (UP), denominado "Premio a la calidad universitaria en el mercado laboral peruano", elaborado por Gustavo Yamada y Nelson Oviedo, revela que el salario base se incrementa entre 16% y 49% si el profesional egresó de una institución de calidad. En el estudio se utilizaron datos del Censo Nacional Universitario (CENAUN 1996 -2010), la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO 2014) e información registrada en el portal del estatal Ponte en Carrera (PeC). Esta página recoge información sobre la relación existente entre las instituciones educativas, profesiones y el impacto de éstas en el salario promedio. "Para poder elegir una buena carrera yo les sugiero a los jóvenes que sigan una acrónimo que he determinado PHD (pasión, habilidades y demanda)", afirma Yamada. Pasión porque al joven le debe gustar lo que hará en los próximos 50 años; habilidades, porque debe tener actitudes importantes para poder ser exitoso y demanda, porque debe considerar si hay no trabajo, o si se paga bien o mal.

SOY TÉCNICO
Se cree que las carreras universitarias son más rentables que una profesión técnica en términos de ingreso. No obstante, para el profesor Yamada, muchos empresarios no están de acuerdo con esa premisa. Según el investigador, existen carreras técnicas cuya rentabilidad supera a las universitarias, pero además son de menor duración, bajo costo y rápida empleabilidad. Según el estudio de la UP, el 72% de jóvenes que estudian carreras técnicas tienen oportunidades de conseguir un empleo formal. Yamada recomienda que, luego de consolidarse en una empresa, estos profesionales no dejen de complementar su carrera con otros estudios. Si un joven elije una rama con poca demanda deberá balancear su gusto por la profesión frente a los bajos ingresos. Nunca se debe tomar una decisión tan importante a la ligera.

Publicado en Aptitus de El Comercio el día 18 de marzo de 2017