viernes, 24 de marzo de 2017

¿Qué deben tener en cuenta los jóvenes al elegir una carrera?

Los estudiantes deben considerar sus pasiones y habilidades, así como la demanda de la carrera, sugiere Yamada.

¿Es mejor seguir una carrera universitaria o una técnica? ¿Qué carrera puede ofrecerme un mejor retorno a futuro? ¿Quiénes son los profesionales más demandados en el mercado? Son dudas que surgen cuando un jóven planea lo qué hará terminando el colegio; y no saber qué camino seguir puede llevarlos, a menudo, en la dirección errónea.

En ese sentido, los economistas Pablo Lavado, Gustavo Yamada y Nelson Oviedo elaboraron un estudio con datos de Ponte En Carrera, para percibir el uso de la información de los salarios de los egresados y los institutos.

El Comercio conversó con Yamada, economista y director del centro de investigación de la Universidad del Pacífico (UP), para resolver algunas de estas incógnitas.

¿PROFESIONALES TÉCNICOS O UNIVERSITARIOS?

De acuerdo al especialista, un punto que los jóvenes deben considerar es que existen especialidades técnicas estudiadas en ciertas instituciones donde un egresado puede ganar más que los profesionales universitarios de ciertas carreras. "Es muy importante tener en cuenta esta información", precisó Yamada.

Es por ello que a la hora de escoger una carrera, él recomienda seguir el método PHD: pasión, habilidades y la demanda. "Es bueno tener pasión por lo que uno quiere hacer los próximos 50 años en la vida y es bueno tener algunas habilidades básicas al menos coadyuvantes de esa pasión, pero la D de demanda es crucial", resaltó Yamada.

CARRERAS EN DETALLE

A partir de lo encontrado en el estudio, Yamada precisó que en el caso de la carrera de Educación los resultados no fueron alentadores. "Se está mejorando últimamente con los aumentos que se dan en el caso de los maestros, pero los datos de Ponte En Carrera todavía comprueban que están a la zaga en remuneraciones", mencionó.

Añadió que un punto interesante que en lo que respecta a Educación, los datos muestran es que las bajas remuneraciones no solo (ocurren) en los egresados de las universidades públicas, sino también para quienes estudian en universidades privadas.

Por otro lado, destacó que los empresarios ponen mayor énfasis a calificar mejor a la mano de obra técnica. Según Yamada, las "especialidades relacionadas a la arquitectura y a la construcción pueden ganar mucho más que muchas otras carreras universitarias. Por ejemplo, la parte de geología y minería puede generar muchísimo más retorno que las carreras de humanidades en el país".

Indicó también que hay carreras que se consideran como "un bien necesario", por lo cual su demanda se mantiene en el mercado.

"Las carreras transversales como la economía y la administración tienen una demanda asegurada porque todos los sectores lo necesitan. En ese sentido, el consejo para los jóvenes es que no se sobreespecialicen; quizá después con una maestría puedan terminar enfocándose un poco más, pero ahora el sector productivo necesita competencias transversales", resaltó.

¿UNIVERSIDAD MÁS CARA = MEJOR SALARIO?

Se dice que las universidades más caras del país, al tener mayor prestigio, son la mejor opción para quienes pueden acceder a ellas. Sin embargo, el estudio de los economistas rompen este mito con un análisis más profundo sobre lo que este aspecto significa.

Yamada precisó que se llegaron a cuatro cuadrantes para separar los pros y contras de las universidades costosas y de su verdadero valor:

► Alto costo, alta rentabilidad: si bien la inversión e este sector tiene alto retorno a futuro, no es un cuadrante al que puedan acceder todos con facilidad. "Para eso sirven programas como Beca 18 y Crédito 18, que le ofrecen a jóvenes talentosos acceder a este segmento", dijo el economista.

► Bajo costo, baja rentabilidad: este es el cuadrante que se debe desalentar, pues a pesar de que la inversión es baja y accesible, el retorno a posteriori no es adecuado para un profesional.

Alto costo, baja rentabilidad: este, precisó, es el peor de los escenarios. "Ojalá Ponte en Carrera y los esquemas de licenciamiento de las universidades que se están llevando a cabo vayan eliminando rápidamente este segmento", sugirió Yamada.

Alto costo, baja rentabilidad: un sector deseable donde se tienen buenas universidades públicas de bajo costo, aunque se da un costo de oportunidad y otros gastos asociados como la preparación para acceder a ellas.

"Ahí el problema es la tasa de ingreso: uno de cada 10 de los que postulan a esa universidad logran ingresar, lo cual te da también unos estándares de coeficiente intelectual bien alto como para hacerlo y lo que no se incorpora en los cálculos es que generalmente te tienes que preparar uno dos o hasta tres años en academias para ingresar, y eso es un costo adicional que no está contabilizado", resaltó el economista.

Indicó también que hay mucha tradición de buenas universidades públicas en provincias, como la San Agustín de Arequipa; la Altiplano de Puno, y la Universidad de las Amazonías.
  

Publicado en El Comercio el 24 de marzo de 2017

sábado, 18 de marzo de 2017

La educación de calidad paga bien

Un reciente estudio del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (UP), denominado "Premio a la calidad universitaria en el mercado laboral peruano", elaborado por Gustavo Yamada y Nelson Oviedo, revela que el salario base se incrementa entre 16% y 49% si el profesional egresó de una institución de calidad. En el estudio se utilizaron datos del Censo Nacional Universitario (CENAUN 1996 -2010), la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO 2014) e información registrada en el portal del estatal Ponte en Carrera (PeC). Esta página recoge información sobre la relación existente entre las instituciones educativas, profesiones y el impacto de éstas en el salario promedio. "Para poder elegir una buena carrera yo les sugiero a los jóvenes que sigan una acrónimo que he determinado PHD (pasión, habilidades y demanda)", afirma Yamada. Pasión porque al joven le debe gustar lo que hará en los próximos 50 años; habilidades, porque debe tener actitudes importantes para poder ser exitoso y demanda, porque debe considerar si hay no trabajo, o si se paga bien o mal.

SOY TÉCNICO
Se cree que las carreras universitarias son más rentables que una profesión técnica en términos de ingreso. No obstante, para el profesor Yamada, muchos empresarios no están de acuerdo con esa premisa. Según el investigador, existen carreras técnicas cuya rentabilidad supera a las universitarias, pero además son de menor duración, bajo costo y rápida empleabilidad. Según el estudio de la UP, el 72% de jóvenes que estudian carreras técnicas tienen oportunidades de conseguir un empleo formal. Yamada recomienda que, luego de consolidarse en una empresa, estos profesionales no dejen de complementar su carrera con otros estudios. Si un joven elije una rama con poca demanda deberá balancear su gusto por la profesión frente a los bajos ingresos. Nunca se debe tomar una decisión tan importante a la ligera.

Publicado en Aptitus de El Comercio el día 18 de marzo de 2017

martes, 14 de marzo de 2017

La carrera contra los robots

Casi todas las semanas encontramos en la prensa especializada artículos bastante pesimistas sobre el futuro del empleo en el mundo. La mayoría de ellos predicen que, al ritmo que está avanzando la robótica e inteligencia artificial, casi todos los trabajadores manuales e intelectuales nos veríamos eventualmente reemplazados por máquinas y dispositivos más eficientes que los humanos (más productivos y con menos márgenes de error) y, en consecuencia,  muchos de nuestros empleos actuales se perderán para siempre.

Así, un estudio del Foro Económico Mundial asegura que para el 2020 las máquinas desplazarán a más de 5 millones de personas de sus empleos. Otro reporte de McKinsey postula que los avances tecnológicos actuales amenazan con automatizar por completo más del 40 por ciento de las actividades remuneradas actuales en un futuro no muy lejano.

Y en los últimos días se ha viralizado un video que muestra la construcción de una casa completa de concreto de 38 metros cuadrados en Rusia, impresa totalmente con tecnología 3-D. Solo tomó 24 horas, ¡y a un costo imbatible de 10,000 dólares! Felizmente, hacia el final del video se observa mano de obra humana en acción, que todavía tiene a su cargo los acabados, pero todas las estructuras son construidas básicamente por un solo robot.

¿Estamos condenados a la redundancia casi definitiva de la mano de obra humana en el mundo? No necesariamente. Esta cuarta revolución industrial fue antecedida por otras tres grandes revoluciones industriales que, en su momento, también provocaron miedos y visiones apocalípticas de reemplazos de trabajadores por máquinas. El caso histórico más famoso fue el de los artesanos luditas que destruían equipos textiles para impedir su utilización durante la primera revolución industrial en Inglaterra.

No obstante, doscientos años después tenemos una situación de casi pleno empleo en muchos países del mundo y no se verifica que el progreso tecnológico haya provocado un rampante desempleo estructural a nivel mundial. Más bien, los saltos en la productividad que ha generado posibilitaron inmensos aumentos en el bienestar de la población mundial, que ha ido empleándose en nuevas y más variadas actividades de la economía y demandas de la sociedad  (se pasó de la agricultura a la industria y de ésta a los servicios). De hecho, con menor esfuerzo y fatiga física y mental.

El futuro no tendría que ser diferente. Muy probablemente la humanidad encontrará nuevas formas de emplear su tiempo creativa y productivamente, dejando para los dispositivos automáticos todas las otras actividades rutinarias que ya no estaremos necesitados de hacer. Por supuesto que, si bien a nivel macro las cosas pueden encontrar su propio equilibrio dinámico, en el ámbito individual y sectorial habrá posiciones e industrias que sufrirán más de esta ola automatizadora que otras.
¿Qué actitud tomar frente a ella para que no nos agarre desprotegidos? Desde la formación educativa temprana, y durante toda nuestra vida laboral y productiva, debemos seguir aprendiendo y actualizándonos permanentemente, enfocándonos en labores poco reemplazables por los robots, como el pensamiento creativo, multidisciplinario, crítico y siempre disruptivo.

No necesitamos asustarnos tanto por una visión derrotista en esta carrera contra las máquinas. Sin embargo, sí es recomendable una actitud muy proactiva para estar siempre un par de pasos delante de ellas.

Publicado en El Comercio el día 14 de marzo de 2017

miércoles, 15 de febrero de 2017

Facebook y la posverdad

Bien utilizada, Facebook es una herramienta poderosa para seguir aprendiendo y actualizándose cada día. En lo personal, por ejemplo, me nutro de las columnas, videos y audios de TED, The Economist, WEF, Business Insider, NPR y otras fuentes, principalmente a través del Facebook.

Asimismo, entre amigos, colegas, alumnos y egresados compartimos casi inmediatamente artículos y reflexiones valiosas sobre diversos temas académicos y no académicos.  También resulta asombroso cómo podemos ser parte de la experiencia (con cierta sana envidia) de lo que amigos en otras partes del planeta gozan y publican en tiempo real. Y no cabe duda que muchos “memes” son sabios o hilarantes por lo que se vuelven virales en minutos.

Facebook tiene a una cuarta parte de toda la población mundial (y cerca de la mitad de los peruanos) participando activamente de su red (mucho más que Whatsapp, Twitter e Instagram juntos). Los “facebookers” comparten 5 mil millones de piezas de contenido diariamente por lo que toda clase de organizaciones (empresas, partidos, clubes, medios, etc.) están extremadamente interesadas en lograr visibilidad en dicha red social.

El año pasado ha sido muy aleccionador al respecto. Más de la mitad de los electores británicos y estadounidenses se informaron de las campañas electorales y la evolución de sus resultados exclusivamente por Facebook, sin necesidad de recurrir a los tradicionales canales de televisión o los medios impresos.

Pero no todo es color de rosa en estos tiempos de hiperacceso a la información. En particular, me sorprendió que el Diccionario Oxford designara como la palabra del año 2016 a “post-truth (posverdad)”, la cual definió como un “neologismo que denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

En la era posverdad, una noticia o afirmación puede viralizarse en pocos minutos, apelando más rápidamente a la emoción que a verificación de fuentes confiables, e influir en eventos trascendentales (como elecciones y plebiscitos) o en aspectos económicos estructurales (el prestigio bien ganado de una marca de consumo, o la situación financiera de una economía, por ejemplo). Un desmentido posterior, una reflexión mayor, o un análisis más profundo, pueden llegar muy tarde.

Como economista, preocupa que esta proliferación instantánea de buena y mala información pueda contribuir a mayores niveles de volatilidad, tensión, manipulación y polarización política, económica y social, entre otros aspectos adversos. ¿Estamos condenados los hiperconectados a que pasen por nuestros ojos tantas verdades como mentiras simultáneamente?

Facebook ha sido blanco de críticas ante este creciente fenómeno de la posverdad. Se ha defendido argumentando que menos del 1% de los contenidos difundidos por su red social son falsos. Ahora mismo está en una campaña de desarrollo de nuevos procesos de verificación y advertencias en caso se difundan contenidos que no han sido comprobados.

Como toda tecnología disruptiva en la historia, las redes sociales brindan grandes beneficios que hay que explorar al máximo y algunos riesgos que hay que minimizar. Mientras tanto, amable lector, verifique dos veces las fuentes de la próxima noticia exagerada que pase por sus ojos.


Publicado en El Comercio el día 15 de febrero de 2017

lunes, 30 de enero de 2017

Sobre Facebook y la información viral


Mark Zuckerberg es la única persona debajo de 35 años ubicada entre los 10 hombres más ricos del planeta, con una fortuna estimada en 45 mil millones de dólares (Forbes, 2016). Todo esto gracias a la omnipresencia en el mundo actual de Facebook, una red social que tiene solo 13 años de edad, y que permite compartir información gratuita e instantáneamente entre amigos y seguidores a nivel universal. Zuckeberg tiene una personalidad carismática y ejerce una reconocida labor filantrópica para atender muchos problemas que todavía aquejan al mundo. Sin embargo, este artículo se enfoca en su icónica herramienta de socialización de la información.

Facebook tiene más de 1,800 millones de usuarios activos mensuales en el mundo (17 millones de peruanos) y más de 1,200 millones se conectan diariamente a su red (mucho más que Whatsapp, Twitter e Instagram juntos). Estos usuarios comparten 5 mil millones de piezas de contenido diariamente y generan asimismo cerca de 5 mil millones de “likes” en un día, por lo que toda clase de compañías y organizaciones en el mundo están extremadamente interesadas en lograr visibilidad en dicha red social.

Bien utilizado, Facebook es una herramienta poderosa para seguir aprendiendo y actualizándose cada día. A mí, en particular, me llegan las columnas, videos y audios de TED, The Economist, WEF, Business Insider, NPR y otras fuentes, principalmente a través del Facebook. Asimismo, entre amigos, colegas, alumnos y egresados compartimos artículos y reflexiones sobre diversos temas académicos y no académicos. Resulta asombroso como podemos experimentar (con cierta sana envidia) lo que amigos en otras partes del planeta gozan y publican en tiempo real. Y no cabe duda que muchos “memes” son sabios o hilarantes por lo que se vuelven virales en minutos.

El año pasado ha sido muy aleccionador al respecto. Más de la mitad de los electores británicos y estadounidenses se informaron de las campañas electorales y la evolución de sus resultados exclusivamente por Facebook, sin necesidad de recurrir a los tradicionales canales de televisión o los medios impresos.

Pero no todo es color de rosa en estos tiempos de hiper-acceso a la información. El Diccionario Oxford designó como la palabra del año 2016 a “post-truth” (posverdad) un neologismo que denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

En la era posverdad, una noticia o afirmación puede viralizarse en pocos minutos, apelando más rápidamente a la emoción que a verificación de fuentes confiables, e influir en eventos trascendentales (como elecciones y plebiscitos por ejemplo). Un desmentido posterior o una reflexión mayor pueden llegar muy tarde.

El mes pasado, un joven estadounidense confirmó haber ganado decenas de miles de dólares en publicidad, luego de que las noticias que creara sobre votos fraudulentos lograran más de 6 millones de vistas en su página de Facebook.

¿Estamos condenados a vivir con esta explosión de buena y mala información al mismo tiempo? ¿A que pase por nuestros ojos tanto verdades como mentiras simultáneamente? ¿Cómo evitar este aspecto indeseable del asunto?

Facebook ha sido blanco de críticas ante la proliferación de la posverdad. Se ha defendido argumentando que menos de 1% de los contenidos difundidos por su red social probaron ser falsos. Ahora mismo está en una campaña de desarrollo de más procesos de verificación y advertencias cuando se difunden contenidos que no han sido verificados.

Como toda tecnología disruptiva en la historia, las redes sociales brindan grandes beneficios que hay que explorar al máximo y algunos riesgos que hay que minimizar. Mientras tanto, amable lector, verifique dos veces las fuentes de la próxima noticia exagerada que pase por sus ojos.

Publicado en El Comercio el día 30 de enero de 2017

miércoles, 18 de enero de 2017

Entrevista a Gustavo Yamada

Gustavo Yamada es un destacado economista peruano con una larga trayectoria académica. Es Director del Centro de Investigación, y profesor principal del Departamento Académico de Economía de la Universidad del Pacífico. Además, es miembro del Directorio del Banco Central de Reserva del Perú y miembro del Consejo Nacional de Educación del Perú. Ha sido decano de la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad del Pacífico, viceministro de Promoción Social del Ministerio de Trabajo, economista Senior del Banco Interamericano de Desarrollo y economista fiscal en el Fondo Monetario Internacional.

FE: Cuéntanos cuál es tu formación. ¿Dónde estudiaste y sobre qué temas investigaste?

GY: Estudié el pregrado de Economía en la Universidad del Pacífico, en Lima, Perú. En los años 80 de crisis de la deuda, alta inflación y estancamiento económico, los temas macro financieros eran de mucho interés para mi generación, por lo que hice mi tesis de bachillerato sobre el comportamiento de la banca comercial peruana en ese contexto, con la asesoría de Julio Velarde.  Antes del posgrado, tomé el curso de especialización y trabajé en el Banco Central de Reserva y la banca privada, luego, me animé por la consultoría y el periodismo económico. Al ganar la Beca Fulbright, empecé el doctorado en Columbia University, regresando a los cursos puros y duros de Economía.  Ese primer año de doctorado me impresionaron mucho las materias de macroeconomía de Ricardo Caballero y Michael Gavin.

FE: ¿Quiénes te han influenciado en tu carrera y por qué?

GY: Un par de períodos de Summer Intern en el Banco Mundial con George Psacharopoulos me convencieron de la oportunidad vital para especializarme en un área poco explorada entonces en el Perú: la economía laboral.

Entonces tomé los dos cursos clásicos de Economía Laboral, para suerte mía, con uno de los padres de la especialidad, Jacob Mincer, y los cursos de Desarrollo Económico, con otros dos grandes de la profesión: Ronald Findlay y Jagdish Bhagwati. Decidí hacer mi tesis de doctorado sobre la informalidad laboral en países en desarrollo, tratando de contrastar las teorías de Hernando de Soto con las hipótesis estructuralistas de la época. Regresé al Perú ya como Profesor de la Universidad del Pacífico y empecé a desarrollar una agenda de investigaciones sobre economía laboral, que desembocó en un par de libros. Pero el riesgo o la tentación de llevar a la práctica lo que investigas en nuestros países suele ocurrir y terminé entonces de Viceministro de Promoción del Empleo a los 33 años, logrando formar un equipo de lujo con Jaime Saavedra, Miguel Jaramillo, Hugo Ñopo, Juan Chacaltana, entre otros, y entrenando a un buen grupo de jóvenes egresados que han seguido haciendo carrera en el sector público y académico internacional, como Jorge Arrunátegui y José Carlos Galdo, y varios más.

FE: Has tenido una amplia carrera en organismos internacionales y en la función pública. Pero siempre has vuelto a la actividad académica. ¿Qué reflexiones te generan este ir y venir entre esos dos mundos?

GY: Efectivamente, con el doctorado en economía me quedaba ese interés por trabajar unos años en organismos internacionales, cosa que hice en el FMI y en el BID en los ámbitos macro-fiscal y micro sobre pobreza y desigualdad. La carrera de economía, como probablemente muy pocas, te ofrece un abanico de posibilidades laborales inmenso, tanto en términos de la temática desde lo macro financiero nacional e internacional hasta los temas micro y sociales como pobreza, empleo, crimen, salud, entre otros.  Asimismo, en cuanto a la función específica, puedes alternar a lo largo de tu ciclo de vida laboral estancias más académicas analíticas con períodos más orientados a la acción e implementación de políticas. Esta posibilidad es más factible si logras una sólida formación académica y una buena experiencia en la investigación y luego vas a la práctica.

FE: Fuiste economista senior del BID y luego Viceministro de Promoción Social del Ministerio de Trabajo. ¿Cómo creías que el BID ayudaba a los gobiernos cuando trabajabas allí y cómo cambió tu visión una vez que estuviste del otro lado del mostrador?

GY: Además de ser una fuente de financiamiento necesaria para países en dificultades económicas, los organismos internacionales prestan una labor mucho más pertinente de asesoría y discusión de buenas prácticas y opciones de política con nuestros países. Por supuesto que hay que tener claro el rol que uno juega cuando está a uno u otro lado del mostrador, pero cuando hay transparencia, alta calidad técnica, y sobretodo el objetivo común de contribuir con la solución de problemas económicos y sociales del desarrollo, se puede establecer un diálogo pertinente y útil.

FE: Más generalmente, ¿cuál piensas debe ser el rol del Banco Mundial y el BID en el proceso de desarrollo de América Latina?

GY: En tiempos normales de acceso directo a fuentes de financiamiento internacional para nuestros países con grado de inversión, la función principal deber ser la asesoría en buenas prácticas y trabajo analítico comparativo. Por supuesto que en tiempos de crisis internacional aguda las líneas de crédito de los organismos deben seguir siendo parte importante del menú.

FE: Existe un consenso importante sobre la necesidad de que América Latina aumente el crecimiento de su productividad. ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo se logra?

GY: Estoy de acuerdo con ese creciente consenso alrededor del incremento de la productividad, como receta indispensable para nuestra región. Casi por definición, se trata de aumentar el producto por habitante o trabajador, lo cual es sinónimo de desarrollo económico al que todos aspiramos.  Para tener ciudadanos y trabajadores más productivos necesitamos mayores y mejores inversiones en capital humano (educación, salud y nutrición de calidad), importación, adaptación y generación de tecnología, y un ambiente de negocios que permita florecer al sector privado en todas las actividades económicas rentables posibles.  

FE: ¿No crees que, dada su importancia, hay poca investigación sobre el tema de productividad?

GY: La dificultad mayor ha sido por la ausencia de buenas bases de datos a nivel de firmas o empresas. En las últimas décadas, y gracias al Banco Mundial y al BID, se ha logrado muchísimo con la gran calidad y comparabilidad de las encuestas de hogares en América Latina. El siguiente paso es avanzar de manera análoga con encuestas y censos económicos a firmas, sobre todo teniendo en cuenta el universo heterogéneo empresarial de nuestra región. Nikita Céspedes, Pablo Lavado y Nelson Ramírez han hecho un buen estado de la cuestión sobre la productividad en el Perú recientemente.

FE: Otro consenso en América Latina es que se debe reducir la desigualdad existente. ¿Cómo se logra?

GY: A diferencia del mundo desarrollado y otras regiones, América Latina en general y el Perú en particular tuvieron avances de reducción de desigualdad en la última década y media, y eso es bienvenido. En el Perú en específico, el crecimiento económico récord, asociado al boom de las materias primas y  mejores políticas, fue ampliamente compartido reduciéndose la pobreza a la mitad y la desigualdad entre el 15% y el 20%, gracias a un auge en el empleo e ingresos rurales y urbanos y políticas sociales apropiadas.  No debemos perder de vista que el concepto fundamental y objetivo de las políticas públicas debe ser una creciente igualdad de oportunidades que implica educación, salud e infraestructura de calidad para todo el país.

FE: ¿Cuál crees vos que son otros grandes desafíos en América Latina?

GY: La precariedad institucional sigue siendo grande. Hay sectores como la justicia y la seguridad interior que se han quedado bien al margen de los avances recientes y que todavía generan interrogantes sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo.

FE: Finalmente, tú estás involucrado de varias formas con la educación en Perú, ¿Cómo has visto la gestión de Jaime Saavedra y su censura parlamentaria?

GY: Empezaré por referirme a algunos aspectos positivos que han permitido que Jaime logre sentar las bases de reformas educativas que difícilmente  puedan revertirse en su totalidad. Regresar al Perú directamente al Ministerio de Educación, luego de una larga estancia en el Banco Mundial, fue una ventaja pues le permitió mayor libertad de acción y una mirada y perspectiva de conjunto que muchos locales pueden perder por estar empantanados en los detalles y la política interna. Sin embargo, Jaime conocía bien a los equipos locales pues había trabajado extensamente en el Perú luego del doctorado. En ese sentido, en nuestros países, como en todas partes, las redes profesionales de confianza son cruciales. Y, vueltas que da la vida, varios de los economistas que trabajamos en el Ministerio de Trabajo con Jaime, pudimos apoyarlo casi dos décadas después.  Luego de tres años de intensa labor en todos los niveles educativos, se ha logrado consolidar un número importante de funcionarios que deben seguir adelante con las reformas que son de larga duración. La censura parlamentaria ha sido una experiencia ingrata, que no se la deseo a nadie, pero las bases de la reforma estimo que se van a poder sostener.

FE: ¡Muchas gracias, Gustavo!

Entrevista realizada por el equipo de Foco Económico
Link de la entrevista http://focoeconomico.org/2017/01/08/entrevista-a-gustavo-yamada/

lunes, 9 de enero de 2017

Competencias para el desarrollo

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), es una prestigiosa institución conformada por 34 países, la mayoría de ellos con los índices de desarrollo más altos del planeta. Es una aspiración peruana ampliamente compartida lograr la admisión formal a este foro, de ser posible con la celebración del bicentenario de nuestra independencia.

La OCDE analiza y comparte las mejores prácticas en políticas públicas entre sus países miembros, lo cual favorece una mejora continua en las mismas. Una de sus primeras actividades de cooperación con el Perú es el “Programa  País” que se centra en cinco temas vitales: crecimiento económico, gobernanza pública, transparencia y lucha contra la corrupción, medio ambiente, capital humano y productividad.

En este marco, OCDE presentó recientemente su “Estrategia de competencias aplicada al Perú” y su estudio “Competencias más allá de la escuela en Perú” en un evento conjunto con los Ministerios de Trabajo y Educación. Como el lector habrá notado, OCDE utiliza el término “competencias” como traducción del inglés “skills”, que aquí suele asociarse con mayor frecuencia a la palabra “habilidades”.

OCDE identifica 9 desafíos para nuestro país que van desde mejorar competencias básicas a nivel de educación inicial, primaria y secundaria (la prueba PISA es uno de los desarrollos más influyentes de este foro), acceso a una educación superior de calidad, legislación para facilitar el empleo formal, capacitación laboral continua, hasta proveer de mayor información para empatar la oferta y la demanda de competencias.

Todos estos retos sonaran familiares al lector frecuente de esta columna, pues han sido identificados y discutidos aquí en varias oportunidades. No obstante, su expresión de manera clara y contundente por un evaluador externo de la talla de la OCDE ayuda a reconocer vacíos y brechas pendientes. Por ejemplo, este foro nos recuerda que el costo relativo de la formalización laboral para los segmentos más pobres del país es varias veces más alto que para las clases medias y altas. Este hecho aunado a sus bajos niveles de productividad generan barreras infranqueables para la formalidad.

Asimismo, los documentos enfatizan la necesidad de revalorizar la educación técnica desde la secundaria hasta el nivel superior y alinearla mejor con las necesidades de nuestro aparato productivo. Esta presentación de OCDE, junto con el documento CAF sobre habilidades reseñado en una columna anterior, y la reciente discusión en la UP sobre la brecha persistente entre la educación superior y el empleo, contribuyen a generar un momento propicio para apuntalar la educación tecnológica en el Perú.


La coyuntura no podía ser más adecuada: se acaba de promulgar la Ley 30512 que realiza toda una reforma en el funcionamiento de los institutos y escuelas de educación superior tan necesaria para el país. Entre sus varios aportes elimina el sesgo anterior que establecía a las carreras técnicas como “inferiores” a las universitarias, alejando de ellas a muchos jóvenes talentosos. No hay tiempo que perder para redactar un reglamento expeditivo de esta ley, a fin de cerrar la brecha entre formación y empleo más aceleradamente. ¡Bienvenida a continuar con las reformas Ministra Martens y muchos éxitos en su gestión!

Publicado en El Comercio el día 7 de enero del 2017